jueves, 17 de enero de 2008

EL MATADOR REDIVIVO


El béisbol es un deporte forjado en las inextricables leyes de la oportunidad. En la medida en que los marcadores se cierran y el juego se extiende bajo la amenaza siempre velada de retar el infinito, la oportunidad cobra una relevancia de carácter inusitado. En esas circunstancias, la oportunidad traza minuciosamente la frontera entre la gloria y la ignominia.
Suena trillado pero hay hombres hechos para la hora cero. Hombres que pueden vivir casi permanentemente en las sombras para aparecer como surgidos de la nada justo cuando más se les requiere. ¿Y cómo no sostener de nuevo una vieja tesis? Benjamín Gil es uno de esos hombres.
Jueves 17 de enero de 2008. Un frío inusual en las tropicales tierras culichis. Serie semifinal de la Liga del Pacifico. Serie empatada a dos juegos por bando. Estadio General Ángel Flores. En un juego no exento de drama, de formidable béisbol, de pitcheo rayando lo sublime, de lucha sin dar ni pedir cuartel, yaquis y Tomateros llegan empatados 2-2 a la novena. Tomateros como local cierra la tanda. En segunda base, corre Danny González. En primera base, corre Adán Amezcua. Dos hombres fuera. Huele a extrainnings. En la loma el mejor taponero de los yaquis, el ligamayorista Joakim Soria. ¿Y quién viene a batear? El Matador. Benjamín Gil.
En la tribuna una madre de familia se lamenta: “Benjamín Gil no ha bateado nada.”
Su hijo responde: “Mamá, esos son los turnos de Benjamín Gil. Por eso le dicen el Matador.”
Soria engaña penosamente a Gil. Primer Strike.
De la parte de atrás del estadio algún pesimista balbucea: “Lo van a ponchar.”
“Arriba los yaquis”, grita un provocador envalentonado por los tragos y el silencio.
Soria se prepara. Viene hacia el plato. Benjamín Gil hace sonar el madero. La bola se desplaza con decisión para internarse a tierra de nadie entre la segunda colchoneta y el jardín central. González vuela hacia el home. El receptor bloquea el pentágono. Tiro del jardinero. El receptor recibe la bola. El corredor se barre esquivando el guante del rival. Safe. Los Tomateros dejan tendidos en el terreno a los yaquis. 2-3 marcador final. El Matador lo ha hecho de nuevo. La Locura desciende sobre la noche en Culiacán. Esto es el béisbol.

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