jueves, 13 de octubre de 2016

DYLAN EN EL SALÓN DE LA FAMA DEL BÉISBOL


Eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, el músico Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan es un fanático del béisbol. La canción “Catfish” de Dylan, pequeña joya que se puede encontrar en el disco triple “The Bootleg Series Volume”, está dedicada al pitcher de los Atléticos y luego de los Yankees “Catfish” Hunter.
Prueba también de la afición beisbolera de Bob Dylan es el ya legendario programa de radio que dirigió el día de su cumpleaños 65, el 24 de mayo de 2006; programa dedicado en su totalidad al Rey de los Deportes.
Dicha transmisión fue incorporada apenas un mes después a los archivos del Salón de la Fama del Béisbol. Y no fue para menos; sólo basta ver la lista de textos y canciones incluidos en el programa:

Take Me Out To The Ball Game - The Skeletons (con ukulele) - (1988)
Baseball Boogie - Mabel Scott - (1950)
Home Run - Chance Halladay - (1959)
Baseball Baby - Johnny Darling - (1958)
Baseball Canto - Lawrence Ferlinghetti
Three Strikes And You're Out - Cowboy Copas - (1960)
The Ball Game - Sister Wynona Carr - (1952)
Did You See Jackie Robinson Hit That Ball - Buddy Johnson - (1943)
Joltin' Joe DiMaggio - Les Brown & His Orchestra (with Betty Bonney)- (1941)
Joe DiMaggio's Done It Again - Billy Bragg & Wilco - (1988)
Don Newcomb Really Throws That Ball - Teddy Brannon Orchestra - (1950)
Newk's Fadeaway - Sonny Rollins - (1951)
Say Hey - The Treniers - (1954)
The Wizard Of Oz - Sam Bush - (2004)
3rd Base, Dodger Stadium - Ry Cooder - (2004)
Heart - Damn Yankees (Original Broadway Cast) - (1955)

Sin duda alguna, los señores del Salón de la Fama tomaron una decisión acertada, aún y cuando tienen otros asuntos pendientes por resolver (¿Pete Rose para cuándo?)
En cuanto a Bob Dylan, más de alguno se habrá de preguntar cuál es su equipo favorito. La respuesta quizá se encuentra en una entrevista que le hicieron para la revista “Rolling Stone”: “El problema con los equipos de béisbol es que todos los jugadores son cambiados tarde o temprano y lo que solía ser tu equipo favorito – un par de jugadores que realmente te gustaban y que ya no están más en el equipo- ya no puede serlo. Es como hablar de tu uniforme favorito. Quiero decir… Sí… Me gusta Detroit, pero pienso que me gusta Ozzie [Guillén] como manager. Y no sé como puede haber alguien a quien no le guste Derek [Jeter]. Preferiría tenerlo en mi equipo más que a cualquier otro.”
En otras palabras, la respuesta de Dylan quizá se encuentre silbando en el viento (blowin’ on the wind, my friend…)

viernes, 16 de septiembre de 2016

SQUEEZE PLAY. MATERIALES PARA UNA TEORÍA DEL SUICIDAMIENTO

Los mitos no son historias para niños, sino que son como lo planteaba Paul Ricoeur relatos racionalizados con base en símbolos. En ese sentido, los mitos se alimentan muchas veces de metáforas para pretender explicar lo que de otra manera no es explicable o, bien, lo que de otra manera sería explicable con un altísimo grado de abstracción. De hecho el lenguaje cotidiano está cargado de metáforas e incluso de mitos, sobre todo de mitos teológicos. Así, los mitos de los distintos pueblos reflejan sus cosmogonías particulares, esto es, sus apreciaciones del mundo y sus preocupaciones filosóficas y espirituales, en donde por supuesto que hay mitos de dominación y mitos de liberación, distopías y utopías, tal y como lo ha registrado Ernst Bloch en los tres tomos de “El principio esperanza”.
En el Béisbol, tanto la filosofía como la teología beisbolera están precisamente repletos de mitos*, lo cual resulta interesante, pues si el Juego de Pelota es una metáfora de la vida, entonces los mitos del Béisbol implican la elaboración de metáforas sobre metáforas, lo cual liga al Béisbol con el arte poético. ¿Y por qué no? Pensemos en un hombre al bate: batear es un acto de barbarie en nombre de la verdad y la belleza. ¿Acaso no es eso la poesía: desmesura en su justa medida?
Tenemos pues que el Béisbol es un juego poético, una sucesión de metáforas finamente trazadas sobre el campo del juego y durante un tiempo indeterminado, pues es un juego en principio sin límite de tiempo (el juego dura lo que ha de durar). Luego, el Béisbol es un juego capaz de tener significados metafóricos, de desarrollar mitos y de plantear problemas de espacio y tiempo, por lo cual el Béisbol es sin duda un juego complejo, quizá la substancia más compleja descubierta hasta ahora para medir las pulsaciones de la vida minuto a minuto.
Esa complejidad nos ofrece una gran riqueza de posibilidades para el pensamiento. Una de esas posibilidades es la discusión de lo que Albert Camus planteaba en “El mito de Sísifo” como el primer problema filosófico: el suicidio. Es decir, el ser vivo pensante, antes de ahondar en cualquier otro problema, debe preguntarse sobre si merece la pena el vivir y sobre qué tipo de vida ha de considerarse digna de llamarse como tal. En apariencia el suicidio es un problema individual, pero Émile Durkheim se encargó de demostrar también su cariz social en la obra titulada precisamente “El suicidio”.

¿Pero qué puede ofrecernos el Béisbol al respecto? En opinión de quien esto escribe, mucho. Una teoría del suicidamiento en el Béisbol permitiría cerrar el círculo del primer problema filosófico e incluso abrir posibilidades para el pensamiento hermenéutico de lo mesiánico y hasta para una filosofía de la liberación, de una forma tal que sea comprensible para las personas en general. No todo mundo anda por ahí planteándose los dilemas del suicidio o de si el día de hoy es un buen día para pegarse un tiro en la sien, por lo cual el Béisbol como actividad cotidiana nos ofrece otras modalidades para acercarnos a las cuestiones citadas. Veamos.
En primera instancia, el Béisbol, en tanto juego, re-presenta, es decir presenta de forma metafórica, en este caso, re-presenta la vida (ya sea la vida ausente o la lucha por la vida, según quiera apreciarse). Por ello, si hemos de recurrir al Béisbol para tratar el tema del suicidio como algún tipo de liberación**, no podemos perder de vista que el tema sólo puede ser abordado en tanto re-presentación del mismo. Por ese motivo, preferimos distinguir entre la presentación de una teoría del suicidio y la re-presentación desde la óptica del Juego de Pelota de una teoría del suicidio, a la cual para distinguirla de la primera, la hemos denominado “teoría del suicidamiento”, tomando así prestada la categoría de “suicidamiento” del libro “Águila contra el hombre. Poemas para un suicidamiento”, de la autoría de Leopoldo María Panero.
Los griegos de la antigüedad distinguían entre el tiempo lineal, cuantitativo y cotidiano, llamado cronos (“kρόνος”) y el tiempo indeterminado, cualitativo y relevante, muchas veces el tiempo del peligro, llamado kairós (“καιρός“). El kairós es algo muy semejante al tiempo-ahora (“Jetzteit”) de Walter Benjamin, como interrupción del continuum de la historia, y muy semejante también al “Pachakuti” de los pueblos andinos, como tiempo de la inversión fundamental del orden de las cosas. ¿Pero todo esto qué tiene que ver con el Béisbol? O, mejor dicho, ¿qué tiene que ver el Béisbol con todo esto?
Pues bien, el Béisbol también cuenta con un tiempo en el que el propio tiempo transcurre como si no hubiera tiempo, es decir, el Béisbol cuenta con instantes en donde el continuum del juego parece romperse y en donde se abren espacios de oportunidad para el tiempo mesiánico, el tiempo de los héroes, el tiempo de los liberadores. Un cuadrangular en la novena entrada para dejar tendidos a los rivales es sin duda alguna un acto de liberación, pero en ese tipo de jugada no se aprecia el tiempo del peligro, el tiempo ahora, al menos no de forma clara o regular. En cambio, la jugada por excelencia capaz de llevar al extremo y de forma contundente ese tiempo discontinuo tiene un nombre: squeeze play. Esta jugada, por sus características, en nuestra opinión, es justamente la más indicada para pretender la elaboración de cualquier posible teoría del suicidamiento.
El 8 de febrero de 1986, en la quinta jornada de la Serie del Caribe, celebrada en Maracaibo, Venezuela, se enfrentaron las Águilas de Mexicali, campeones de México, y las Águilas del Cibao, campeones de República Dominicana. El juego estaba empatado a siete carreras en la novena entrada. Mexicali cerraba la entrada al bate y logró colocar al corredor John Kruk en tercera con uno fuera. Vino a batear el Almirante Nelson Barrera. Todos esperaban que Barrera buscara el batazo largo para traer al pentágono la carrera, aunque fuera con un fly de sacrificio a los jardines, pero Barrera, tras batear un foul, ejecutó un toque de bola en la modalidad de squeeze play. Fue el tiempo del peligro, el tiempo del todo o nada, pues John Kruk, un peso completo, desde tercera se lanzó como locomotora hacia home mientras la bola tocada por Barrera rodaba lentamente entre el pitcher y la primera base. Los dominicanos fueron sorprendidos, sacados literalmente del tiempo continuo y enfrentados al tiempo-ahora creado por los mexicanos. El corredor anotó y Mexicali dejó tendidos en el terreno a los del Cibao. En el siguiente juego, contra el equipo de Puerto Rico, los Indios de Mayagüez, Mexicali se coronaría campeón de la Serie del Caribe de 1986 al vencerles en 10 entradas con hit productor del Paquín Estrada. Al más puro estilo mesiánico, todo se había consumado.
En el idioma inglés la expresión squeeze play denota la idea de una jugada apretada en cuanto a su desenlace, denotando así también la idea de un tiempo-ahora. En el idioma español esto es llevado hacia un más allá, al llamarle a la jugada “toque suicida”. Justo a partir de aquí podríamos empezar a plantear materiales para una teoría del suicidamiento.

La invención del squeeze play se suele atribuir al mánager de los Yankees, Jake Reid, quien la mandó ejecutar en la Serie Mundial de 1931. Probablemente la jugada tenga orígenes más modestos, tal y como plantean otros que la atribuyen al Béisbol universitario de los Estados Unidos o al Béisbol de las ligas infantiles. El squeeze play implica una maniobra de realizar un toque de pelota con un corredor en tercera base, procurando hacerlo de forma tal que dicho corredor tenga el tiempo suficiente de llegar a home y anotar. En esa línea, la filosofía beisbolera estadounidense distingue entre dos categorías: el squeeze play seguro, en el cual el corredor de tercera no se lanza al plato sino hasta el momento en que el bateador hace contacto con la pelota; y el squezze play suicida strictu sensu, en el cual el corredor no espera a que el bateador haga contacto, por lo cual se lanza al plato en cuanto el pitcher hace el movimiento para lanzar. La distinción referida nos parece un tanto arbitraria en el uso de los adjetivos, pues en ambos casos hay elementos de riesgo evidentes de que la jugada no prospere, y por tanto no encontramos apropiado el calificar a una de las jugadas descritas como segura, cuando no es segura ni mucho menos. Desde luego, alguien podría plantear que se trata de una seguridad relativa. No obstante, consideramos algo más afortunada la categoría de “toque suicida” del idioma español. Ahora bien, también es evidente que dentro del toque suicida hay distintos extremos de riesgo, de ahí que quepa hablar de una teoría del suicidamiento, y de que, en cambio, resulte difícil desde la otra perspectiva hablar de una teoría del aseguramiento relativo, lo cual suena más a una suerte de filosofía bancaria que a una filosofía del Béisbol.
El toque suicida puede ser ejecutado en cualquier inning del Juego de Pelota y en cualquier circunstancia del marcador, pero la apertura hacia el tiempo-ahora se ensancha cuando el toque suicida es realizado en la novena entrada, especialmente en la novena baja, y cuando el marcador está empatado o cuando el otro equipo está arriba por una carrera –de hecho habría mayor peligro en este último caso por el riesgo mismo de la derrota en caso de fallar la ejecución la jugada–. De alguna forma, se cierra entonces el problema filosófico original al plantearse el mánager o el pelotero el dilema de si el Juego ha de seguir siendo vivido en el continuum presente o si es mejor romper con este mediante el toque suicida. La jugada individual además adquiere los tintes colectivos observados por Durkheim para el problema del suicidio. El toque suicida de uno se torna potencialmente en un toque suicida originado en un “nosotros” y con consecuencias para ese “nosotros”.
La cuestión referida puede ser llevada a extremos insospechados cuando hay dos outs en la pizarra, o más aún, cuando ya hay dos strikes en contra del bateador, y cuando el corredor encima es lento de piernas, como era el caso de John Kruk en la Serie del Caribe de 1986. ¿Pero qué puede empujar a un mánager o a un bateador a una decisión de este tipo? ¿Liberarse del estado actual de cosas? ¿Sorprender al rival mediante un pensamiento más allá de la totalidad presente? ¿Realmente se trata de un pensamiento desde la exterioridad o de un pensamiento heterodoxo? ¿El toque suicida, al emplear el factor sorpresa, no contiene la paradoja de reducir el carácter de suicida de la jugada? Más todavía, si el arte de la guerra es el arte del engaño (Sun-Tzu dixit), ¿no es el squeeze play el súmmum de una guerra de liberación? Una teoría del suicidamiento pretendería dar respuestas a estas y otras preguntas similares, a la vez de ofrecer un marco de referencia para tratar problemas más abstractos.
El toque suicida permite hablar en términos de metáforas de liberación –además de ser por sí mismo una estrategia de liberación– y de re-presentaciones heroicas y mesiánicas. La ejecución afortunada de ese tipo de jugadas ha permitido la construcción de leyendas capaces de persistir en la memoria. ¿Pero quién recuerda las jugadas fallidas? Esto ya es materia aparte. El toque suicida fallido representa un cierto drama muy particular: sus actores ni siquiera pueden considerarse los oprimidos de la historia. Un toque suicida fallido no cuenta con el prestigio de un error fatal, como sí lo tiene un error de fildeo a lo Bill Buckner, dejando escapar la bola en la Serie Mundial de 1986. No, un toque suicida fallido pertenece al campo de los actores excluidos y olvidados de la historia, no por falta de valor en el acto, sino porque en el fondo el mesianismo y el deseo de liberación inherente a la naturaleza humana no pueden aceptar el fracaso de un intento de ruptura con el tiempo continuo del sistema dominador. El toque suicida fallido está destinado a un falso olvido: no dará nunca lugar a una enciclopedia histórica o a una arqueología de los fallos de ese tipo, pero estará siempre presente, como un dispositivo disimulado capaz de re-articularse en el futuro bajo la tradición de aquellos toques que corrieron con mejor suerte en el pasado. Quizá en el fondo sea como apuntaba Walter Benjamin: “Hay que definir la imagen dialéctica como el recuerdo obligado de la humanidad redimida.”

Texto publicado originalmente en la revista electrónica “Aldea”.




* Ya en otros textos (consultar el libro “Dime que no fue así, Joe”) hemos planteado la existencia de una filosofía y de una teología beisbolera. De forma un tanto simplista, podríamos resumir dicha pretensión en que en el Juego de Pelota existe una suerte de amor a la sabiduría y de ciertos cultos que rebasan lo profano.
** Liberación en tanto determinación, y por ende, en tanto negación. Una determinación implica la negación de todas las demás posibilidades. El suicidio niega la vida en tanto esta ya no es considerada digna por el suicida, con lo cual este pretende negar las negaciones de la vida, aunque al final es posible que sólo termine por afirmar la nada. Chocar de cara con la nada es el riesgo propio de cualquier pretensión de liberación.

lunes, 13 de junio de 2016

EL DESCALZO BUSCA HOGAR EN SU BIBLIOTECA

Interesados en adoptar el libro "Dime que no fue así, Joe", reportarse al correo captomate@runbox.no para verificar mecánica de los trámites al respecto. Gracias.


lunes, 27 de enero de 2014

EL DESCALZO REDIVIVO

Corren rumores diversos acerca del paradero del intrépido Capitán Tomate. Se dice que se le ha visto arengando a los miembros de las autodefensas en Tierra Caliente, Michoacán. Falso. Otros dicen haberle visto en Cooperstown con una pancarta exigiendo la entrada de Pete Rose al Salón de la Fama. Nada más falso, aunque no imposible.
En realidad el Capitán ha continuado trabajando, tratando de sobrellevar los vendavales de la existencia. No ha dejado de pensar en sus compañeros beisboleros, con quienes desea compartir la aventura de una nueva edición impresa de las crónicas del legendario Descalzo Jackson, ahora editadas por República de Zenón Ediciones, pero con el mismo testaferros de siempre. Ideal para quienes gustan del libro clásico y de la textura del papel.
Hasta el momento el patrón Slim no ha cooperado con la distribución del libro, ni siquiera con unos vales para el Mixup, pero otro gigante del capitalismo ha aceptado hacerse cargo de la tarea. ¿Lucro? Sin duda, Amazon nunca pierde. ¿Ideales pérdidos? Nunca, se ha castigado el precio cuanto se ha podido para mantenerlo accesible a los compas, pero la casa exige sus honorarios por la impresión y la distribución.

"Dime que no fue así, Joe" en una nueva edición corregida y aumentada, sí señor. Disponible en las diferentes páginas electrónicas de Amazon. Envío a todo el mundo. ¡Lléguenle!

PD. El Capitán acepta invitaciones para presentar el libro. Cuando gusten, donde gusten y a la hora señalada.

http://www.amazon.com/Dime-que-fue-as%C3%AD-Joe/dp/1494965771/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1390859439&sr=8-1&keywords=david+calder%C3%B3n+medina



domingo, 3 de marzo de 2013

NOAM CHOMSKY AL BATE



Lingüista de altos vuelos, profesor, filósofo, escritor, conferenciante, activista infatigable, ateísta secular y socialista libertario, diversos calificativos para referirnos a una de las figuras ineludibles del pensamiento político de esta época: Avram Noam Chomsky (Filadelfia, Estados Unidos, 7 de diciembre de 1928).
Quienes han tratado personalmente a Noam Chomsky destacan la sencillez de este hombre que lo mismo ha cimbrado los cimientos del estudio del lenguaje por parte de los académicos que los cimientos de la cosmogonía de un número significativo de personas. Y alabamos su sencillez porque para entrevistarle sólo hace falta buscar su ficha en la página del MIT, la institución donde trabaja, para localizar su correo electrónico personal y realizar la solicitud correspondiente. Gracias a ello y a compañeros como Michael Kasenbacher, Eric Augenbraun y Jeff Jetton nos es posible reproducir en esta bitácora algunos de los pensamientos de Noam Chomsky acerca del Béisbol y otros temas menores. Señoras y señores, al bate, el jardinero central de la izquierda libertaria, Noam Chosmky…

Quizá sea oportuno arrancar nuestra charla con su vida personal y su doble carrera en la lingüística y en el activismo político. ¿Le gusta ese tipo de trabajo?

Si tuviese el tiempo, me encantaría pasar mucho más horas trabajando en el lenguaje, la filosofía y la ciencia cognitiva, temas que encuentro interesantes desde el punto de vista intelectual. Sin embargo, una gran parte de mi vida está consagrada a alguna forma de actividad política: leer, escribir, organizar y otras cuestiones por el estilo. Es una forma de trabajar, es necesaria, pero no significa un reto intelectual. Respecto de los asuntos humanos no entendemos nada o tenemos entendimientos superficiales. Es un trabajo arduo el conseguir datos y ponerlos todos juntos, pero no supone un terrible reto intelectual. Lo hago porque es necesario. El tipo de trabajo que debería ser la principal parte de la vida de uno es el trabajo que te gustaría hacer si no fueses pagado por ello, el trabajo que surge de tus necesidades internas, intereses y preocupaciones.

Ello implicaría el ejercicio de un cierto grado de libertad. Más allá de si en un momento dado existen las condiciones para ese ejercicio, estamos tan acostumbrados a recibir directrices, cuando no órdenes, sobre nuestro quehacer diario, que resulta lógico plantearse si estamos lo suficientemente preparados para ejercer esa libertad. El filósofo Frithjof Bergmann sostiene que la mayor parte de las personas no conoce qué tipo de actividades le gustaría hacer. A esto él le llama “la pobreza del deseo”. ¿Qué piensa al respecto?

Ese es un problema que nunca he tenido, pero es una antigua observación. Wilhem von Humboldt una vez apuntó que si un artesano produce por encargo un objeto bello, podremos admirar lo que hizo, pero despreciaremos lo que él es: una herramienta en manos de otros. En cambio si ese artesano crea un bello objeto por voluntad propia, admiraremos tanto al objeto como al artesano, mientras éste satisface sus propias aspiraciones creativas.

Esto que dice suena un tanto ligado con las ideas de espontaneidad e imaginación, las energías propias de los niños o de los poetas y los locos, en estos dos últimos casos en el sentido propuesto por William Blake, energías que pueden ir cediendo en potencia conforme uno llega a la edad adulta o a la “madurez” adulta y al estado de auto-represión creativo.

El poeta y el hombre loco comparten mucho de esa energía con los niños. En el caso de los niños esas energías tienden a manifestarse en el juego, pero hoy en día hasta el concepto de juego está cambiando. En mi barrio antes veías a los niños jugando afuera en las calles, montando sus bicicletas. Ahora sigue habiendo niños, pero ya no salen a la calle, están dentro de sus casas con videojuegos o cualquier otra cosa similar o bien se encuentran inscritos en actividades organizadas: actividades deportivas organizadas por los adultos. El concepto del juego espontáneo parece haber venido a menos. Hay estudios sobre esto en Estados Unidos y en Inglaterra, aunque ignoro si sea cierto para otros países, pero el juego espontáneo ha declinado con motivo de los cambios sociales. Pienso en esto como en algo muy negativo, porque es en el juego espontáneo donde florecen los instintos creativos del ser humano. Si tomas unas piedras como bases y un palo de escoba como bate ya estás haciendo algo diferente de lo que se suele hacer en una liga organizada de béisbol.
Algunas veces se llega a extremos surreales. Hace tiempo recuerdo que estábamos en casa de mi hija y llegó mi nieto de diez años totalmente desconsolado porque se suspendió el juego de béisbol de su liga infantil. El otro equipo sólo se presentó con ocho jugadores. No sé si entiendas algo de béisbol, pero siempre hay jugadores suplentes sentados en la banca esperando su turno de entrar al terreno. Pero este equipo de mi nieto no fue capaz de prestar un jugador al otro equipo para que los chicos pudieran jugar y divertirse, sólo porque tenían que seguir las reglas de la liga. Quiero decir, esto ya es llevarlo a absurdos reales, pero es el tipo de cosas que están sucediendo ahora mismo.

La disciplina institucional por encima de las necesidades no sólo de algún individuo, sino por encima de las necesidades del propio colectivo social. Pero tocado el punto, ¿usted jugaba béisbol de niño?

[Chasqueo de lengua] Bueno, es algo interesante, pero mis padres eran inmigrantes, de modo que éramos americanos de primera generación. Parte del proceso de socialización, especialmente para los chicos jóvenes, consistía en saber todo acerca del béisbol. En esos años el béisbol era el deporte. Apenas había baloncesto profesional y algo de fútbol americano. Los chicos en mis circunstancias –chicos inmigrantes de primera generación– podían darte todos los detalles sobre el béisbol, todas las estadísticas. Por ello yo también pasé por esa fase.

Cuesta imaginar a Noam Chomsky, el intelectual, el activista, como un aficionado al béisbol. Dígame algo, ¿coleccionaba estampitas de peloteros?

Sí coleccionaba estampitas. Esto fue en los años 30’s.

¿Aún conserva las estampitas?

[Sacude la cabeza para negarlo] Pero te puedo narrar, si realmente quieres que te aburra, el primer juego de béisbol al que asistí, inning a inning, jugada a jugada.

No, gracias, no es necesario.

Un juego maravilloso, eran los Yankees en la Serie Mundial. Nos sentamos en los bleachers justo atrás de Joe Dimaggio. Lanzaba Red Ruffing. El receptor era Bill Dickey. Lou Gehrig estaba en primera. Fue increíble.

¿Inning a inning?

Oh, no te voy a aburrir.

¿Soñó alguna vez con ser pelotero?

No, pero cuando tenía diez años quería ser taxidermista por alguna razón. No me preguntes el porqué. [Risas]

¿Aún asiste al estadio de béisbol?

Me falta tiempo hasta para ir al cine. No iría solo al estadio, pero por algún tiempo iba acompañado de mi nieto.

Hay un documental en donde usted narra la experiencia de ir a un juego de fútbol americano de high school y de repente suelta un lapidario: “¿Por qué me preocupo por este equipo? Ni siquiera conozco a alguien del equipo”. Aquí fue muy lejos. Se vio como un amargado. La gente se cuestiona si usted ha disfrutado la experiencia de un perrito caliente con mostaza y una cerveza fría. No es el caso, pero con comentarios así resulta más fácil imaginarle como el Scrooge de la crítica social. ¿Por qué nos crucifica por apoyar a un equipo deportivo? Se trata de una experiencia social que genera interacciones y recuerdos muchas veces positivos. ¿Qué hay de malo en ello?

Ese no es mi punto. Mira, si quieres disfrutar un juego de fútbol, pues genial. Si quieres disfrutar un juego de béisbol, eso es grandioso. ¿Pero por qué das importancia a quién gana? ¿Por qué debes de vincularte con un determinado grupo de profesionales, de los cuales te dicen que te representan y de que más vale que ganen, porque de lo contrario puedes hasta suicidarte, cuando en el fondo ellos son perfectamente intercambiables con los miembros del otro equipo de profesionales? Esto es una locura.

Mi siguiente pregunta iba enfocada precisamente a cuestionarle sobre su equipo favorito de béisbol, pero visto lo visto debo entender que usted se considera un aficionado eventual al béisbol, entendido este como un espectáculo o un pasatiempo, pero no se considera un seguidor o fanático de tal o cual equipo. Para el caso de los seguidores de un equipo, usted propone aquí una disonancia cognitiva, porque como seres racionales seguirían una causa irracional.

Y así es. Lo siento por defraudar esa expectativa de su parte. El fanatismo deportivo es parte del entrenamiento de las masas para su posterior adoctrinamiento ideológico, pues en aquél se tocan fibras irracionales requeridas para sostener a este. Los medios de comunicación juegan un papel vital en estos procesos de adoctrinamiento. La propaganda es a una democracia lo que la porra es a un estado totalitario. Podemos verlo claramente si queremos, pero al final, si así lo elegimos, podríamos vivir en un mundo de espejismos confortantes.

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