sábado 31 de diciembre de 2011

2012


La bitácora extiende un abrazo a todos sus lectores. Por supuesto, los buenos deseos y la posibilidad de una vida mejor no se cifran en la palabra amable o en el hecho desenvuelto, sino en tres principios fundamentales de la vida y el Béisbol:
1. Respeta al juego.
2. Respeta al rival.
3. Respétate a ti mismo.
No se fien de nada ni de nadie que no se adhiera irrestrictamente a esos principios.
2012 significará una nueva aventura. Vivimos sin darnos cuenta en un periodo de la historia donde habrá cambios, pero no sólo cambios como en cualquier otro periodo, sino cambios de trascendencia.
Pero más allá de las especulaciones, el mundo no terminará (¿qué es el mundo sino lo que existe y deja de existir sin cesar?). Los Cubs no ganarán la Serie Mundial. Los mayas no podían prever tal cosa. Estar tranquilos al respecto.
Algo más. A todos los lectores, tres rápidas al centro del plato: gracias, gracias, gracias.
Que siga el Juego de Pelota. ¡Play ball!

jueves 24 de noviembre de 2011

LA OTRA EJECUCIÓN DE DIOS


El 17 de enero de 1918, a las 6.30 horas de un helado día, Dios fue ejecutado de nuevo –la primera vez, así lo refiere la ortodoxia, fue en la colina del Gólgota. La sentencia: cinco ráfagas de ametralladora contra el cielo de Moscú.

Anatoli Vasílievich Lunacharski, el nuevo Pilatos, sonreía. No habría resurrección. No era posible la resurrección. El hecho es irrefutable, mas no por las razones supuestas inicialmente por Lunacharski. Dios, o mejor dicho su manifestación terrenal, dormía a pierna suelta en otro lugar y en otro día. Emprendamos el examen de los motivos, no sin antes apuntar los antecedentes de tan peculiar ejecución.

Lunacharski, según las abstractas fechas imputables a todo hombre, nació en Poltava, Ucrania, al parecer en algún día de noviembre de 1875, y murió el 26 de diciembre de 1933. Lunacharski se desempeñó como dramaturgo, crítico literario y político, es decir, en profesiones cada vez más vulgares. Se convirtió al comunismo a la edad de 15 años. Desde luego puede argumentarse que Lunacharski no fue comunista, pues en un sentido ideológico el único comunista auténtico murió hace siglos en una cruz a manos de los romanos.

Tras diversos encuentros y desencuentros con los rabiosos bolcheviques y hasta con los mencheviques, en 1907, Lunacharski publicó el folleto “Sobre la actitud del Partido ante los Sindicatos”, con prólogo cortesía de Lenin. En 1913, Lunacharski viajó a París, donde fundó un Círculo de Literatura Proletaria. Posteriormente, en 1917, se unió de nuevo a los bolcheviques, quienes terminarían haciéndose del poder en Rusia con la bien conocida Revolución de Octubre y la muerte de la familia imperial.

Después de la Revolución de Octubre, Lunacharski se desempeñó como Comisario de Instrucción para el Narkompross (Comisariato Popular para la Instrucción Pública) desde 1917 hasta 1929. Como bien lo precisa Gregorio Luri en “El Café de Ocata” (http://elcafedeocata.blogspot.com/): “ [Lunacharski ] se decidió a cantarle las cuarenta al Dios de toda la vida. Lo llevó a juicio, acusado por múltiples crímenes contra la humanidad. Como Dios no se presentó ante el tribunal, se puso una Biblia en el banquillo de los acusados para que lo sustituyera. Los acusadores acudieron cargados con la completa historia de la humanidad como prueba irrefutable. Los defensores sólo pudieron alegar la eximente de la senilidad. Ante la contundencia de las pruebas, Dios fue declarado culpable.” El resto de la historia ya la conocemos. ¿Pero murió Dios? El requisito primero para una resurrección es la muerte previa del individuo, en este caso, de la divinidad.

El concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios suele centrarse en la idea de una suprema deidad. Algunas concepciones de Dios hablan de una realidad eterna, trascendente, inmutable y última, en contraste con el universo visible y continuamente cambiante. En no pocos casos, en las diversas doctrinas teológicas, Dios es imaginado como una fuerza de la naturaleza o como un ente consciente que se puede manifestar en un aspecto natural. Tenemos por ejemplo el caso de Jesucristo, a quien se le atribuye la naturaleza del hijo de Dios, la manifestación del verbo en la carne humana, en una suerte de pobre metáfora de sujeto y predicado.

Me declaro indigno de terciar en todas esas controversias teológicas y poéticas, pero en todo ello no deja de ser extraño el cómo se pretende emplear el lenguaje humano para abarcar entidades, que de existir, estarían más allá de todo significado conocido, pues “no nos damos cuenta de la prodigiosa diversidad de juegos de lenguaje cotidianos porque el revestimiento exterior de nuestro lenguaje hace que parezca todo igual”, como lo indicaba Ludwig Wittgenstein.

Supongamos es posible echar mano de la metáfora como vehículo para expresar la manifestación de una divinidad, y para cuestionar al mismo tiempo si es posible que ésta haya sido fusilada en Moscú el 17 de enero de 1918, a causa de un proceso amañado e instigado por Lunacharski. En todo caso. el juicio mismo sería ya una metáfora.

Discernir sobre una nueva ejecución de Dios en la fecha señalada es al mismo tiempo discernir sobre lo imposible. La realidad eterna, trascendente, inmutable y última, es decir, el arcano por excelencia se manifestaba ya entonces en el Juego de Pelota. Sí, en ese algo tan cotidiano como la realidad geométrica del Béisbol, pues si Dios ha de existir y merecer ante si mismo justificación, aún y cuando Dios sea inexpresable, debe manifestarse en lo cotidiano, pues de lo contrario, si se limitara sólo a manifestarse en lo excepcional, el concepto de Dios estaría supeditado sólo a las vulgares leyes del azar, de la estadística y de la economía. Después de todo, lo maravilloso o lo grande no necesariamente es lo excepcional.

¿Cuáles es entonces la interpretación de la muerte de Dios? El postulado de la realidad es liso y llano. La mañana del 17 de enero de 1918 en Moscú, era apenas la noche del 16 de enero de 1918 en los Estados Unidos. La manifestación más concreta de Dios en ese entonces dormía en su habitación. Estoy hablando de Walter Perry Johnson (Humboldt, Kansas, 6 de noviembre de 1887 - Washington D.C., 10 de diciembre de 1946), el mejor lanzador derecho de la historia. No es un asunto de cursilería o vindicación beisbolera, sino un hecho verificable –y el universo de la causalidad requiere de hasta el menor de los hechos para explicar cualquier fenómeno.

Walter Johnson fue el segundo hijo del matrimonio de Frank y Minnie Johnson, un par de granjeros. Nuestro personaje creció así entre los verdaderos pilares de la humanidad, es decir, entre aquéllos capaces de producir abrigo y alimentos, en lugar de palabras, discursos y muertes.

En la escuela secundaria, el joven Walter jugó al Béisbol en diferentes posiciones. La velocidad de sus lanzamientos empezó a llamar la atención, de tal modo que a los 17 años ya era lanzador en la liga semiprofesional de la “Idaho State League”, donde lo vio el manager de los Washington Senators, Joe Cantillon.

A regañadientes, Cantillon se llevó a Johnson a la gran ciudad. Ahí desde un inicio, deslumbró a todos con la velocidad de sus lanzamientos, incluyendo a un pelotero de nombre Ty Cobb.

El equipo de Washington apestaba, por decir lo menos, pero en 1912 logró el segundo lugar de la Liga Americana, gracias a los números de Jonhson: 32 victorias, 303 ponches, y un cociente de carreras limpias admitidas de 1.39. En 1913, Johnson fue el Jugador Más Valioso de la Liga Americana. En los años 1913, 1918 y 1924 ganó la Triple Corona como lanzador y, en 1916, no concedió ningún cuadrangular, una marca aún vigente.

Por si no fuera suficiente, a lo dicho habría que añadir que Johnson es el líder de todos los tiempos en blanqueadas con 110 y en 10 años consecutivos (1910-1919) logró, al menos, 25 victorias. En 1924 los Senators llegaron a la Serie Mundial. Esa temporada. Johnson encabezó departamentos de carreras limpias, victorias obtenidas y ponches (2.72, 23-7, 158,). Los Senators comandados por Johnson lograron adjudicarse la corona frente a los New York Giants en siete juegos. En 1925 nuevamente los Senators llegaron al Clásico de Otoño, pero no pudieron repetir el campeonato.

Los lanzamientos de Johnson eran vertiginosos, formidables rápidas de 97-99 millas por hora. No por nada le llamaban el “Big Train”. Los bateadores se enteraban de que había lanzado sólo porque escuchaban el cantar de los strikes, una tras otro hasta acumular tres. Sin embargo, Johnson no era un demonio de la loma, sino un Dios, no sólo del Béisbol, sino del Respeto. Nunca insultó a alguno de sus compañeros, ni protestó alguna mala decisión, ni intimidó con lanzamientos malintencionados a los bateadores, a pesar de ser el líder de todos los tiempos en bateadores golpeados (203).

La última temporada de Johnson fue la de 1927, debido a la lesión en una de sus piernas. 21 años de carrera y 417 victorias, marca solo superada por Cy Young. Walter Johnson murió a los 59 años de un tumor cerebral. Leyeron bien. Walter Johnson murió, pero no la manifestación divina en el Juego de Pelota, pues hablando en términos teológicos de muertes y resurrecciones, en el Béisbol siempre habrá un nuevo día y nuevas ráfagas a los cielos de más lanzamientos y batazos.

martes 4 de octubre de 2011

EPÍSTOLA PARA UN LECTOR


Estimado señor Capitán Tomate,

He seguido con interés el desarrollo de su bitácora, pero hasta ahora me he tomado el atrevimiento de escribirle, pues tengo algunas preguntas, sin otro afán que el de satisfacer la simple curiosidad. Ruego tenga la bondad de atenderlas, según sus ocupaciones lo permitan:

1. ¿Por qué no ha actualizado más frecuentemente la bitácora?

2. ¿El béisbol es siempre el único tema? Quiero decir, hay otros temas ligados a la condición humana, como por ejemplo la poesía, la pornografía, el anarquismo (contra puesto por cierto al nacional-socialismo), por mencionar algunos de ellos.

R.- Respondo las dos primeras preguntas a la vez.
Por favor, no me llames señor. No soy Jesucristo. “Capitán” es suficiente.
En cuanto a las preguntas... Béisbol, poesía, pornografía y anarquismo son un mismo tema. Desde luego, ello no está reñido con el tratamiento de los otros temas menores de la condición humana. Es una mera cuestión de prioridades. El silencio puede tener diferentes pausas, diferentes temas. Hay un silencio antes y después del estallido del bate y el rugido de la multitud. Sin embargo ese silencio y ese no-silencio son parte del mismo Juego. Así, la bitácora calla y cuenta, despierta de su sueño cuando el administrador pretende escribir y los lectores le atienden y rescriben en sus mentes lo dicho. Es el mismo Juego incesante, donde lo mismo cabe el colapso bostoniano que la caída del coronel Qadafi en Libia.
El silencio y el no-silencio no están supeditados a la frecuencia ni a la deliberación quántica, pues la escritura no es un producto industrial, acaso el sino de los tiempos. Hoy en día nos hemos vuelto industriales fríos y calculadores, en lugar de ser artesanos con vida y sueños propios. Soñemos un poco más. El silencio hace surgir los sueños. Como dijo Gonzalo Rojas refiriéndose al silencio: “tú nunca cesarías de estar en todas partes/ porque te sobra el tiempo y el ser, única voz/ porque estás y no estás, y casi eres mi Dios/ y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.”

3. ¿Esta afiliado a algún grupo subversivo?

R.- La verdadera subversión no consiste en cambiar un sistema por otro. La verdadera subversión consiste en liberarse de toda atadura.
Max Stirner sostenía: “Lo divino mira a Dios, lo humano mira al hombre. Mi causa no es divina ni humana, no es ni lo verdadero, ni lo bueno, ni lo justo, ni lo libre, es lo mío, no es general, sino única, como yo soy único. Nada está por encima de mí.” Stirner era considerado un subversivo. En sus palabras en alemán casi puede escucharse el rumor del parque de pelota y del vendaval del Walt Whitman de “Hojas de Yerba.”
Otro ejemplo. Para Lysander Spooner, la cuestión clave para un anarquista –es decir para un subversivo según la visión actual–, es cómo combinar la completa libertad individual con alguna forma de cooperación social efectiva. ¿No es eso parte de la esencia del Béisbol? La combinación de la autosuficiencia individual con la cooperación social efectiva en aras del bien del equipo. El Béisbol es subversión. Porque creo en la subversión creo en el Béisbol como un elemento liberador de las ataduras de la conciencia y del cuerpo.

4. Odio a los Red Sox. ¿Le importaría obsequiarme el libro de béisbol que publicó?

R.- Buen intento. Aclaro, la bitácora jamás ha promovido el odio a un equipo de Béisbol. Muchos menos a un equipo con la formidable mística trágica de los Red Sox. No debemos confundir la rivalidad deportiva con el odio. La rivalidad es parte del Juego. El odio, parte de las heces de la condición humana. Y conste que cuando a finales de los 80’s Willie Aikens, Roy Johnson y Nelson Simmons se cansaban de desforrar la pelota en el viejo Ángel Flores, estuve muy cercano a sentir algo parecido al odio por ellos. Pero ante todo recuerda las reglas básicas del Béisbol: “Respeta al Juego. Respeta al rival. Respétate a ti mismo.”

5. ¿Quién financia la bitácora? ¿Carlos Slim ha atendido a sus solicitudes de donativos?

R.- La bitácora no es financiada por nadie. Y aún y cuando eventualmente recibiera financiamiento de Carlos Slim, Bill Gates, Brian Cashman, el Tea Party o el Banco Mundial, ellos jamás podrían comprar la conciencia del administrador. Por ende, los dispendios y delirios beisboleros son cortesía de la casa.

6. Leí que Zack Greinke, el lanzador de los Cerveceros, ha padecido ciertos desordenes psicológicos (depresión, aversión social, etc.). ¿Sabe de otros peloteros con problemas similares?

R.- Me gusta el apelativo de “Cerveceros”. No puedo pensar en ningún otro nombre mejor para un equipo de Béisbol. En cuanto a lo de Greinke, te recomiendo observar su mirada cuando prepara sus lanzamientos. Puedes leer en sus ojos la atroz batalla de quien se enfrenta a la soledad de la loma.
Es raro encontrar un pelotero que no esté loco. Estamos hablando de los subversivos de la Pelota. Un día, allá por principios de los 90’s, cayó en mis manos un reporte interno de los Tomateros de Culiacán. Según el reporte, todos estaban como una cabra. ¿Qué más da? ¿No es acaso una locura el suponer que es posible darle a una pequeña esfera con movimientos impredecibles a más de 90 millas por hora? Te invito a tratar de batearle una rápida a Justin Verlander de los Tigers. Si el loco persiste, se volverá cuerdo, como escribió Blake.


Un abrazo.

Freddy Cuberas


*

Estimado Freddy, gracias por acordarte de la bitácora y por leerla. Te respondo de parte del Capitán Tomate debajo de cada pregunta.

Saludos,

El administrador

martes 28 de junio de 2011

La BITÁCORA EN TWITTER

El administrador de esta bitácora, holgazán como es, apuesta por complementar la escritura beisbolera como pensamientos cortos en la red Twitter. No le gusta la idea de alguien que lo siga (salvo la luna), pero sí la de alguien que lo honre leyéndolo:


jueves 5 de mayo de 2011

EL VIEJO Y EL MAR




El Beisbol enseña a ganar honestamente, el beisbol enseña a perder con dignidad, el beisbol enseña todo, enseña la vida’

E.H.






—Tu asado es excelente —dijo el viejo.
—Hábleme de béisbol —le pidió el muchacho.
—En la Liga Americana, como te dije, los Yankees— dijo el viejo muy contento.
—Hoy perdieron —le dijo el muchacho.
—Eso no significa nada. El gran DiMaggio vuelve a ser lo que era.
—Tienen otros hombres en el equipo.
—Naturalmente. Pero con él la cosa es diferente. En la otra liga, entre el Brooklyn y el Filadelfia, tengo que quedarme con el Brooklyn.
Pero luego pienso en Dick Sisler y en aquellos lineazos suyos en el viejo parque.
—Nunca hubo nada como ellos. Jamás he visto a nadie mandar la pelota tan lejos. — ¿Recuerdas cuando venía a La Terraza? Yo quería llevarlo a pescar, pero era demasiado tímido para proponérselo. Luego te pedí a ti que se lo propusieras, y tú eras también demasia- do tímido.
—Lo sé. Fue un gran error. Pudo haber ido con nosotros. Luego eso nos hubiera que-
dado para toda la vida.
—Me hubiese gustado llevar a pescar al gran DiMaggio —dijo el viejo—. Dicen que su padre era pescador. Quizás fuese tan pobre como nosotros y comprendiera.
—El padre del gran Sisler no fue nunca pobre, y jugó en las Grandes Ligas cuando tenía mi edad. —Cuando yo tenía tu edad me hallaba de marinero en un velero de altura que iba al África, y he visto leones en las playas al atardecer.
—Lo sé. Usted me lo ha contado.
—¿Hablamos de África o de béisbol?
—Mejor de béisbol —dijo el muchacho—. Hábleme del gran John J. McGraw.
—A veces, en los viejos tiempos, solía venir también a La Terraza. Pero era rudo y bocón, y difícil cuando estaba bebido. No sólo pensaba en la pelota, sino también en los caballos. Por lo menos llevaba listas de caballos constantemente en el bolsillo y con frecuencia pronunciaba nombres de caballos por teléfono.
—Era un gran director —dijo el muchacho—. Mi padre cree que era el más grande.
¿Quién es realmente mejor director: Luque o Mike González?
—Creo que son iguales.
—El mejor pescador es usted.
—No. Conozco otros mejores.
—Qué va —dijo el muchacho— Hay muchos buenos pescadores y algunos grandes
pescadores. Pero como usted, ninguno.

-- Ernest Hemingway
“El Viejo y el Mar” (Fragmento)

Datos personales