viernes, 15 de agosto de 2008

ESE ANIMALERO


Seamos honestos, los seres humanos nos hemos adueñado de forma inapropiada de la naturaleza. Hasta hemos inventado fronteras territoriales escudadas en la extraña figura del Estado y en supuestas diferencias de origen, raza, idioma, religión o historia. Nos matamos, sí, peleando por adueñarnos de un puñado de terreno para clavar una ridícula bandera, sin siquiera molestarnos en preguntarle al resto del reino animal si está de acuerdo con eso. Pero de vez en cuando los animales nos recuerdan que están ahí y que este es también su mundo. En no pocas ocasiones se han dado casos de animales que visitan los parques de béisbol y no me estoy refiriendo a ciertos aficionados deleznables, sino a cuadrúpedos de verdad. Veamos algunos ejemplos.

El gato negro de los Cubs

Los Cachorros de Chicago ganaron su última Serie Mundial hace casi cien años. Considerarlos malditos no es del todo descabellado (ver en este misma bitácora acerca de la maldición de la cabra).
El 9 de septiembre de 1969, los Cachorros amanecieron como líderes de su división con una ventaja de 11 juegos y medio sobre sus más cercanos perseguidores, los Mets de Nueva York, justamente el equipo que enfrentarían ese día.
Cuando Ron Santo de Chicago se encontraba bate al hombro en el círculo de espera del Shea Stadium, de reojo miró venir una curiosa figura. Era un gato negro que muy quitado de la pena pasó a su lado y se dirigió a la caseta de los Cachorros. El felino se plantó frente a Leo Durocher, entonces manager de los Cachorros, y luego se paseó desafiante ante todo el equipo de Chicago.
Los Mets ganaron ese juego 7-1 y Chicago se vino abajo el resto de la temporada hasta ver perder su ventaja en el liderato de la división. Los Mets terminarían ganando la Serie Mundial de 1969.

El come pollos y su loca cabalgata

La noche del 26 de octubre de 1996, los Yankees de Nueva York, después de 18 años, volvieron a ganar un título de Serie Mundial. Wade Boggs, el tercera base del equipo, en un estado de completo frenesí, decidió montarse en el caballo de uno de los policías presentes y pegar una carrera por el terreno del legendario Yankee Stadium.
La cabalgata, fuera de su carácter meramente folklórico, no habría tenido nada de peculiar, excepto por el hecho de que Boggs le tenía verdadero terror a los caballos desde que un equino lo derribó a la edad de cinco años. Ni duda cabe que con la emoción de su primer anillo de Serie Mundial, al come pollos hasta se le olvidó su fobia.

El elefante de Catfish Hunter

El 16 de septiembre de 1979, Castfish Hunter, lanzador de los Yankees, tiraba su último juego. No lo estaba haciendo bien. Su receptor Thurman Munson había muerto en un accidente de avión hacía apenas un mes. El pobre de Hunter hasta elaboró un discurso de despedida acerca de que en realidad ese día no era precisamente el más feliz de su vida, pues ese mismo año perdió a su padre, a su scout y a su receptor. Sin embargo, dentro de los regalos que recibió (una camioneta, un carro, una televisión y un viaje a Hawai), alguien tuvo el humor suficiente como para obsequiarle un elefante.

La perra brava

Varias veces fui testigo de la bravura de una perra que vivía en el viejo Ángel Flores, casa de los Tomateros de Culiacán. El animal supongo que era de alguno de los vigilantes o encargados de mantenimiento del estadio. Cuando salía algún foul por el campo izquierdo y algún jardinero empeñoso iba buscando atrapar la bola, era común que la perra saliera echa una furia y pusiera a correr en sentido contrario al jardinero, quien se olvidaba por completo de la pelota, pues ya no le interesaba salvar el juego sino sus nalgas o algo más.

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