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lunes, 4 de septiembre de 2017

NUEVE ENTRADAS CON JOHN ASHBERY


John Ashbery (“Por dónde Vagaré”, “Autorretrato en un Espejo Convexo”, “Como en un Proyecto del que Nadie Habla”) es un poeta y traductor americano nacido en 1927 en Rochester, Nueva York. John Ashbery se caracteriza por un surrealismo capaz de desafiar la propia lógica del surrealismo. No por nada ha ganado casi todos los premios más importantes de poesía en su país. El Nobel puede llegar en cualquier momento.
Bajo esos antecedentes, presento aquí una entrevista de nueve entradas con John Ashbery. Imaginé con él estas preguntas sobre el béisbol. Imaginé que John Ashbery imaginaba estas respuestas. De ese modo, podríamos acercarnos más a lo (im)posible: Ser don Quijote por un instante.

Mister Ashbery, ¿qué es el béisbol para usted?
JA: El béisbol no es exactamente un deporte, ni siquiera algún tipo de actividad estrictamente física, sino una conciencia, la sustancia más sensible descubierta hasta la fecha para registrar las fluctuaciones de la angustia de la existencia día a día, minuto a minuto.

¿Alguna memoria en particular sobre el béisbol?
JA: Pequeños vislumbres de los estadios neoyorquinos en los años cuarenta. La mente es han hospitalaria albergándolo todo y no te das cuenta, hasta que todo ha terminado, qué poco había que aprender. Veo algún doble play o cuadrangular salvador en Yankee Stadium a través de las cadenas de humo del cigarrillo. El béisbol en su médula invisible está más allá de lo real concreto y de las certezas de vivir y morir.

¿Le gusta ir a los estadios?
JA: De noche. Desde ahí se pueden ver las estrellas y sobre todo nuevas aventuras. Personas-objeto en un diamante eterno. Apenas expresamos nuestras propias ideas ante tal conjunto de movimientos, pero podemos recordar a éstos con tanta facilidad como el día en que nacimos.

(Le pido en ese momento a John Ashbery que me permita tomarle una fotografía. Accede, pero me advierte: “Michaux escribió: «Un hombre y su rostro es un poco como si estuvieran devorándose mutuamente sin cesar.»”)
¿Por qué las personas aman especialmente los cuadrangulares?
JA: Es la historia de cualquiera. Es decir, la historia que cualquiera desearía escribir. Un viaje sentimental ante todo. Despertarse de un sueño para entrar en otro. Nosotros somos ese sueño. No nos hemos movido ni siquiera un centímetro y todo ha cambiado a partir de una pelota bateada con fortuna. Nos perdemos por la vida, pero la vida en forma de ese batazo de algún modo nos encuentra. También hay lugar para salirse de la vida, entendida ésta como un elemento circunscrito a cierta geometría. Sería otra posible metáfora de un cuadrangular.

Albert Camus planteaba el suicidio como el primer problema filosófico. ¿Cómo describir un squeeze play suicida en la novena entrada?
(El rostro de Ahsbery se ilumina)
JA: No se trata de filosofía. Eso debe ser poesía. Desmesura en su justa medida. ¿Sabes? Fue un invento de un manager de los Yankees, Jake Reid. Hasta donde sé, fue intentado por primera vez en la Serie Mundial de 1931. Tocar con corredor en tercera y dos outs. Es volverse un sargazo movedizo en la tarda. Descargas eléctricas apenas se ven al principio. Después explotan en un chaparrón de destellos inmóviles color relámpago. Cada uno de los jugadores piensa: “Nada de esto me sucede a mí”. El itinerario de la apuesta absoluta.

¿Quiénes han sido los más grandes en el juego de pelota? Pienso a manera de límites en una conjunción de ciertos parámetros: poder, brazo y velocidad.
JA: Estás hablando entonces de bateadores. ¿Para qué los límites? ¿Dónde dejas a Cy Young o a Walter Johnson? Bajo tus parámetros me forzarías a mencionar a Mickey Mantle, Joe Dimaggio, Willie Mays y Roberto Clemente. No estoy seguro si ello es lo apropiado, tendría que haber sitio para Babe Ruth o Ty Cobb. Para Jimmie Foxx también, era un fuera de serie. ¿Y cómo calificas la nobleza de Lou Gehrig? ¿Qué hay sobre Hank Greenberg y, más recientemente, sobre Alex Rodríguez? ¿Por qué hablar siempre en pasado? El pasado pesa tanto en nosotros, como si esa memoria se volviera una institución.

Cierto. Si, como señaló Borges, el futuro es la sustancia de la que está hecho el tiempo, pues apenas lo decimos y avanzamos inexorablemente hacia un futuro revestido de presente, ¿cree que la sustancia del béisbol se encuentra en el porvenir y que en consecuencia con el tiempo llegarán mejores peloteros e incluso mejores aficionados?
JA: Lo decía al principio, hay registros cronológicos inmersos, pero la cuestión de la sustancia del béisbol se encuentra más allá de una dimensión temporal. Si no fuese así, ¿cómo explicas los espacios exóticos del béisbol. Hay momentos, pero también lugares aquí y allá; otros más, refrescados en algo complejo como la memoria: a una vez tiempo y lugar. En cuanto a los peloteros del futuro, el desplazamiento resulta algo inevitable. Así todos los que ahora son más que jóvenes resultarán desplazados les guste o no, y sólo los muy viejos o los muy jóvenes tienen la palabra en este asunto. Pero siempre habrá una crónica con destreza acerca de las cosas que los hombres han hecho o dicho. Podemos imaginar un poco sobre un mejor béisbol, podría estar sucediendo afuera ahora mismo, pero de algún modo siempre nos identificaremos con un amor que nos definió por un rato y cuando volvamos atrás unos pasos para mirar de nuevo ese pasado, quizá encontremos la eternidad en ese intervalo.

Ya que menciona al amor… Se suele ligar al béisbol con todo tipo de corrientes románticas. ¿Qué piensa al respecto?
JA: ¿De veras se necesitan comentarios como el nuestro? No lo sé, tendría que implicar algún tipo de vacío. El amor se desvanece hábilmente al final, dejando ¿qué? Un vacío bañado quizá de frescura. Es decir, un nuevo tipo de vacío. Pero el béisbol está, “jerárquicamente” hablando, por encima de lo vacuo. Si ha de establecerse algún nexo entre béisbol y romanticismo, en todo caso éste debería quedar comprendido en aquél, de lo contrario, no sé como ligar el béisbol con una exhortación latina a las manzanas o con una oda al heroísmo de la batalla de Hastings. Si te refieres al movimiento romántico poético es curioso, pues éste surge más o menos en la misma época de los antecedentes más cercanos del béisbol moderno. Ciertas cosas son a la vez demasiados aburridas y demasiado interesantes para hablar de ellas, y ésta debe ser una.

Nos ha llegado el último turno. Del transcurrir de la existencia, ¿se queda con el béisbol?


JA: Sí, entendido el béisbol como una de las caras de la locura. Solos con nuestra locura y nuestra flor favorita.
&&&

jueves, 13 de octubre de 2016

DYLAN EN EL SALÓN DE LA FAMA DEL BÉISBOL


Eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, el músico Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan es un fanático del béisbol. La canción “Catfish” de Dylan, pequeña joya que se puede encontrar en el disco triple “The Bootleg Series Volume”, está dedicada al pitcher de los Atléticos y luego de los Yankees “Catfish” Hunter.
Prueba también de la afición beisbolera de Bob Dylan es el ya legendario programa de radio que dirigió el día de su cumpleaños 65, el 24 de mayo de 2006; programa dedicado en su totalidad al Rey de los Deportes.
Dicha transmisión fue incorporada apenas un mes después a los archivos del Salón de la Fama del Béisbol. Y no fue para menos; sólo basta ver la lista de textos y canciones incluidos en el programa:

Take Me Out To The Ball Game - The Skeletons (con ukulele) - (1988)
Baseball Boogie - Mabel Scott - (1950)
Home Run - Chance Halladay - (1959)
Baseball Baby - Johnny Darling - (1958)
Baseball Canto - Lawrence Ferlinghetti
Three Strikes And You're Out - Cowboy Copas - (1960)
The Ball Game - Sister Wynona Carr - (1952)
Did You See Jackie Robinson Hit That Ball - Buddy Johnson - (1943)
Joltin' Joe DiMaggio - Les Brown & His Orchestra (with Betty Bonney)- (1941)
Joe DiMaggio's Done It Again - Billy Bragg & Wilco - (1988)
Don Newcomb Really Throws That Ball - Teddy Brannon Orchestra - (1950)
Newk's Fadeaway - Sonny Rollins - (1951)
Say Hey - The Treniers - (1954)
The Wizard Of Oz - Sam Bush - (2004)
3rd Base, Dodger Stadium - Ry Cooder - (2004)
Heart - Damn Yankees (Original Broadway Cast) - (1955)

Sin duda alguna, los señores del Salón de la Fama tomaron una decisión acertada, aún y cuando tienen otros asuntos pendientes por resolver (¿Pete Rose para cuándo?)
En cuanto a Bob Dylan, más de alguno se habrá de preguntar cuál es su equipo favorito. La respuesta quizá se encuentra en una entrevista que le hicieron para la revista “Rolling Stone”: “El problema con los equipos de béisbol es que todos los jugadores son cambiados tarde o temprano y lo que solía ser tu equipo favorito – un par de jugadores que realmente te gustaban y que ya no están más en el equipo- ya no puede serlo. Es como hablar de tu uniforme favorito. Quiero decir… Sí… Me gusta Detroit, pero pienso que me gusta Ozzie [Guillén] como manager. Y no sé como puede haber alguien a quien no le guste Derek [Jeter]. Preferiría tenerlo en mi equipo más que a cualquier otro.”
En otras palabras, la respuesta de Dylan quizá se encuentre silbando en el viento (blowin’ on the wind, my friend…)

viernes, 15 de febrero de 2013

LA CONQUISTA DE LA FELICIDAD. EL HOMBRE MISTERIOSO DE BERTRAND RUSSELL


De acuerdo a la enciclopedia libre, Bertrand Arthur William Russell, (Trellech, Gales,  18 de mayo de 1872 - Penrhyndeudraeth, Gales,  2 de febrero de 1970) fue un filósofo, matemático, lógico y escritor británico ganador del Premio Nobel de Literatura (1950) y conocido por su influencia en la filosofía analítica, sus trabajos matemáticos y su activismo social.

Bertrand Russell no creía en la felicidad como un concepto reservado al misticismo y a las religiones, por lo general estas últimas pletóricas de vagas promesas de vida eterna (ver su obra “Por qué no soy cristiano”). No, Bertrand Russell no creía en esos arcanos de la superstición y de la teología. Bertrand Russell creía en la felicidad del aquí y ahora, de la felicidad cuya fuente emana del goce del día a día de la existencia, por ello en su obra "La Conquista de la Felicidad” (1930) se propuso compartir aquellas cuestiones que él consideraba como causas de la infelicidad y en su caso como causas de la felicidad.

Por supuesto, un matemático como Russell obsesionado con considerar todas las variables posibles en cualquier ecuación no pudo ni mucho menos soslayar en la ecuación de la felicidad la variable aportada por el Béisbol, lo cual dio pie a una muy discutida controversia, a saber a través del texto siguiente:

“(…) Me acuerdo de cuando conocí a uno de los principales literatos de Estados Unidos, un hombre, que a juzgar por sus libros, yo suponía consumido por la melancolía. Pero dio la casualidad que en aquel momento la radio estaba informando de los resultados más importantes de la liga de béisbol; el hombre se olvidó de mí, de la literatura y de todas las demás penalidades de nuestra vida sublunar, y chilló de alegría porque había ganado su equipo. Desde aquel día, he podido leer sus libros sin sentirme deprimido por las desgracias que lee ocurren a sus personajes.”

¿Quién era en realidad el misterioso aficionado al Béisbol? ¿Quién era ese literato capaz de chillar de alegría y olvidarse del mundo y todas sus miserias por un pedazo de la felicidad terrenal aportada por el Béisbol?

Cuando se consideran cuidadosamente todos los elementos aportados por el texto de Russell en lo tocante a referencias espaciales, temporales y cualitativas, desde las sombras surge un nombre: Thomas Stearns Eliot  (San Luis, Missouri, 26 de septiembre de 1888 – Londres, 4 de enero de 1965), más ampliamente conocido como T.S. Eliot. En efecto, el poeta y dramaturgo Premio Nobel de Literatura (1948) T.S. Eliot reúne en principio las condiciones planteadas por las referencias mencionadas: ser uno de los principales literatos estadounidenses, ser un hombre de carácter melancólico y ser un personaje con el cual solía ya reunirse Bertrand Russell antes de la escritura del libro “La Conquista de la felicidad”. T.S. Eliot fue incluso alumno de Bertrand Russell en la Universidad de Harvard a finales de la primera década del siglo XX y posteriormente una persona muy cercana al gran filósofo, tan cercana que ambos conformaron un triangulo amoroso junto a Vivienne Eliot, la esposa de aquél.

Sin embargo la tesis propuesta presentó por décadas una fractura en su edificio lógico: T.S. Eliot no parecía mostrar interés alguno por el Béisbol. Los académicos no encontraban el hilo conductor. Mas había algo de artificial en ese desinterés por el Juego de Pelota, como si T.S. Eliot rehuyera el tema, como si el Béisbol le doliera en el recuerdo. Y así era, a T.S. Eliot le dolía el Béisbol en el recuerdo, tal y como propuso recientemente el investigador Louis Phillips basado en las conjeturas de otros académicos.

Al parecer, T.S. Eliot era fanático de los Boston Red Sox, pues aunque era natural de San Luis por su sangre corría la sangre de la familia Eliot de Nueva Inglaterra y el sello de los graduados de Harvard, precisamente en esa misma región. Pese a esto último, los dos primeros años en Harvard de Eliot fueron un desastre desde el punto de vista académico, en teoría porque Eliot estaba más interesado en la suerte de los Boston Americans (el nombre anterior de los Red Sox) y en asistir al estadio de Huntington Grounds que en cumplir con sus asignaciones escolares. Curiosamente justo cuando Eliot entró a Harvard en 1906, Boston había completado una desastrosa campaña de 49 triunfos y 105 derrotas. Hasta el legendario pitcher Cy Young perdió 21 juegos esa temporada. Sí, a Eliot le dolía el Béisbol y le dolía el equipo de sus amores. Eliot no podía concentrarse en la universidad desde el sufrimiento aportado por la mística trágica del equipo de Boston. Pese a ello, el silencio absoluto de Eliot sobre el Béisbol no llegaría hasta la infame venta en 1920 de Babe Ruth al odiado rival: los New York Yankees. Eliot debió haber sentido auténtica rabia e impotencia. El hecho era (y es) abominable. Louis Phillips señala con tino al respecto: “El silencio es desafiante. Todos saben que es imposible pasar cualquier temporada larga en Nueva Inglaterra sin entrar en contacto con la Fatalidad, el Destino y los Desmadres Generales de los Red Sox. Es algo que no se puede dejar de hacer.”

Louis Phillips incluso va más allá al referirse a un borrador del libro de poemas más conocido de T.S. Eliot, esto es “The Waste Land” (“Tierra Baldía”), el cual al parecer se intitulaba originalmente “The Waste Land called Huntington Grounds” (“La Tierra Baldía llamada Huntington Grounds”) en referencia directa al viejo estadio del equipo bostoniano. Debe recordarse que en inglés Waste Land representa una polisemia al admitir tanto la idea de tierra baldía como el desperdicio o el desgaste o el agotamiento de la tierra fértil, es decir vendría a significar una metáfora de la poética trágica de los Red Sox.

Si bien todo lo aquí planteado no pasa de lo meramente especulativo, tengo para mí otra tesis no menor sobre el ocultamiento por parte de Bertrand Russell del nombre del literato fanático del Béisbol: se trató de un hecho flagrante. Russell pretendió preservar en el anonimato el nombre del personaje no sólo porque se trataba de su amigo Eliot y porque pretendía así mantener en secreto lo que el mismo Eliot quería mantener como propiedad exclusiva de su vida y dolor personal en una de esas extrañas formas de las que se llega a revestir la felicidad del individuo, sino porque para el propio Russell era indispensable dentro de su felicidad particular mantener lo más oculto posible el triángulo amoroso ya citado, y del cual el mismo T.S. Eliot era perfectamente consciente. La metáfora bíblica de Pedro, la negación: Bertrand Russell negaba a los Eliot pensando en Vivienne y T.S. Eliot negaba al Béisbol pensando en los Red Sox. La felicidad es una consecuencia de arreglos  inesperados.

sábado, 24 de noviembre de 2012

EL DESCALZO JACKSON AHORA EN AMAZON



El libro de la bitácora “Dime que no fue así, Joe” está de vuelta con una edición corregida y aumentada en formato digital para Kindle.
El libro puede leerse en dispositivos Kindle y en cualquier computadora, tableta o dispositivo Ipad descargando en forma gratuita el programa respectivo que se encuentra en la propia página de ventas en Amazon y en cualquiera de sus afiliadas alrededor del Mundo.
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jueves, 5 de mayo de 2011

EL VIEJO Y EL MAR




El Beisbol enseña a ganar honestamente, el beisbol enseña a perder con dignidad, el beisbol enseña todo, enseña la vida’

E.H.






—Tu asado es excelente —dijo el viejo.
—Hábleme de béisbol —le pidió el muchacho.
—En la Liga Americana, como te dije, los Yankees— dijo el viejo muy contento.
—Hoy perdieron —le dijo el muchacho.
—Eso no significa nada. El gran DiMaggio vuelve a ser lo que era.
—Tienen otros hombres en el equipo.
—Naturalmente. Pero con él la cosa es diferente. En la otra liga, entre el Brooklyn y el Filadelfia, tengo que quedarme con el Brooklyn.
Pero luego pienso en Dick Sisler y en aquellos lineazos suyos en el viejo parque.
—Nunca hubo nada como ellos. Jamás he visto a nadie mandar la pelota tan lejos. — ¿Recuerdas cuando venía a La Terraza? Yo quería llevarlo a pescar, pero era demasiado tímido para proponérselo. Luego te pedí a ti que se lo propusieras, y tú eras también demasia- do tímido.
—Lo sé. Fue un gran error. Pudo haber ido con nosotros. Luego eso nos hubiera que-
dado para toda la vida.
—Me hubiese gustado llevar a pescar al gran DiMaggio —dijo el viejo—. Dicen que su padre era pescador. Quizás fuese tan pobre como nosotros y comprendiera.
—El padre del gran Sisler no fue nunca pobre, y jugó en las Grandes Ligas cuando tenía mi edad. —Cuando yo tenía tu edad me hallaba de marinero en un velero de altura que iba al África, y he visto leones en las playas al atardecer.
—Lo sé. Usted me lo ha contado.
—¿Hablamos de África o de béisbol?
—Mejor de béisbol —dijo el muchacho—. Hábleme del gran John J. McGraw.
—A veces, en los viejos tiempos, solía venir también a La Terraza. Pero era rudo y bocón, y difícil cuando estaba bebido. No sólo pensaba en la pelota, sino también en los caballos. Por lo menos llevaba listas de caballos constantemente en el bolsillo y con frecuencia pronunciaba nombres de caballos por teléfono.
—Era un gran director —dijo el muchacho—. Mi padre cree que era el más grande.
¿Quién es realmente mejor director: Luque o Mike González?
—Creo que son iguales.
—El mejor pescador es usted.
—No. Conozco otros mejores.
—Qué va —dijo el muchacho— Hay muchos buenos pescadores y algunos grandes
pescadores. Pero como usted, ninguno.

-- Ernest Hemingway
“El Viejo y el Mar” (Fragmento)

martes, 3 de mayo de 2011

POEMA A SNOOPY



Snoopy conecta un hit,
mientras Lynus enreda su vista en la mantita,
corre Charlie Brown al límite del comic,
olvidándose del juego, preguntándose el sentido del brillo
del diamante entre la arena.

El lápiz del autor se turba, detiene el tiempo,
pasan inviernos e ideogramas musicales,
y le concede el lapsus,
toda la creación del mundo
que cabe
en la punta de un grafito.

-- Vladimir Baiza.

lunes, 2 de mayo de 2011

ELEGIA A MARTIN DIHIGO



Así como después de la tormenta
el guardabosque sale
para saber cuál ácana,
cuál guayacán, cuál ébano
cayó desarraigado por el viento,
así yo me detuve ante su cuerpo,
tronco de ramas frescas, húmedas todavía,
y lloré su caída.
Ahí viene.
Se lo llevan.
Con la fuerte cabeza reclinada
en su guante de pitcher va Dihigo.
El rostro de ceniza (la muerte de los negros)
y los ojos cerrados persiguiendo
una blanca pelota, ya la última.

Silencio.
Callados los amigos. El cortejo
pisa las calles de fieltro.
Ojos enrojecidos miran de las ventanas.

Está hecha de lágrimas la tarde.

-- Nicolás Guillén.

viernes, 29 de abril de 2011

CARLOS SLIM. EL CAPITAL




Celebrado por unos, odiado y temido por otros, el mexicano Carlos Slim es uno de los hombres más ricos del planeta, si no el más rico. Este es un hecho bien conocido por la mayoría. Quizá no sea un dato para celebrar en un país que de acuerdo al coeficiente de Gini el 10% de la población posee el 40% de la riqueza nacional, mientras al mismo tiempo cerca de 50 millones de personas viven en la pobreza. Sin embargo más allá de la evidente inequidad económica y social de México, no todos conocen los orígenes de Carlos Slim en los negocios; negocios que el administrador de esta bitácora conoce a ciencia cierta, tal y como se desprende de su narración sobre “Will Clark y la Conciencia de lo Imposible”.
¿Quién es realmente Carlos Slim?
Carlos Slim no representa al capitalismo ni a los capitalistas, es el Capital mismo. Él es consciente de ello y su conducta empresarial y filantrópica son testimonio inexorable, con lo que sea que esto pueda significar. De pequeño, Carlos Slim tomó sus primeras lecciones de capitalismo neoliberalista a lo Milton Friedman en el ámbito del intercambio de estampitas de béisbol. El niño que alguna vez fue se apersonaba en un puesto de dulces y caramelos para comprar estampitas, las cuales negociaba después con los colegas. Los trueques eran despiadados, nadie daba ni pedía cuartel. Slim en una libreta llevaba un registro meticuloso de todas las transacciones llevadas a cabo. Le interesaba saber si había ganado o perdido con los intercambios, según el desempeño estadístico de los peloteros retratados en las estampitas. Había altas y bajas en el mercado de estampitas de peloteros, bonanzas, burbujas financieras y depresiones. El secreto era emplear las estampitas repetidas para conseguir otras de mayor valor potencial y diversificar así el portafolio de inversiones y, sobre todo, comprar barato y vender caro.
A los 12 años, el joven Carlos –“Chuck”, para los amigos–, expandió su emporio de trueques beisboleros para adentrarse al no menos intrincado mundo de los bonos y las acciones. A los 30 años, Slim era ya propietario de una compañía de bebidas, además de ser corredor de bolsa. El resto es historia, ya vendrían inmuebles históricos, Inbursa, Telmex, Telcel, y un largo etcétera de negocios redituables. A lo mejor hasta sin saberlo, podríamos ser empleados de alguna empresa del citado magnate. El propio Carlos Slim reconoce haber acumulado su gran fortuna gracias al conocimiento adquirido en el intercambio de estampitas de béisbol –además de las buenas relaciones y de mantener en forma las neuronas observando juegos de béisbol, claro está.
El mega-multimillonario ha sido toda su vida un fanático de hueso colorado del béisbol, al grado de conocer de memoria la biografía de muchos de los grandes monstruos del juego de pelota como Ty Cobb y Honus Wagner. Su equipo favorito son los Yankees de Nueva York y su pelotero favorito es desde luego el Bambino Ruth. Slim incluso hasta se compró una casa en Nueva York, no sólo para atender sus múltiples negocios en esa ciudad, sino también para ir más seguido al Yankee Stadium. Seguramente más de uno cuestionará cándidamente la predilección por el béisbol de parte de Carlos Slim. “No hay suficientes números en el fútbol”, afirmó el empresario en una entrevista con la agencia de noticias Bloomberg. En otras palabras, el béisbol es una de las más altas formas de expresión de la estadística, matemática logarítmica, en contraste con el simple álgebra de otros deportes menores.
¿La lección? Si quiere que sus hijos sean empresarios fructíferos –o al menos que aprendan a hacer con cierta virtud la cuenta del supermercado–, no los fastidie cuando vea en ellos el extraño brillo del azoro en los ojos de quien ha ganado una estampita de béisbol altamente cotizada. Se lo dice aquí un antiguo traficante y especulador de estampitas de peloteros, aunque desde luego uno más modesto y no tan conocido como el señor Slim.





Nota. Estimado Chuck, ¿qué tal un intercambio de la estampita Topps 1988 de Will Clark por la que posees de Honus Wagner, en concreto la de la extinta compañía tabacalera? Piénsalo bien, el “good will” de la estampita del Natural ha subido un 1000% desde la publicación del libro de “Dime que no fue así, Joe”. Es más, si aceptas el trueque, hasta te regalo un ejemplar del libro, una pelota autografiada por el Almirante Nelson Barrera y una gorra de los Tomateros de Culiacán. Negocios son negocios.

jueves, 28 de abril de 2011

LINE-UP


Hemingway se encuentra en una mala racha
ya no puede ni darle a una puta curva,
estoy colocándolo como sexto en el orden.
a Céline lo pondré para limpiar las bases,
es inconsistente, pero cuando anda bien
no hay nadie mejor.
Hamsum será el tercero en el orden,
conecta duro y seguido.
para abrir, para abrir,
meteré a e.e. cummings,
es rápido y puede embasarse con un toque.
a Pound lo usaré como segundo en la tanda,
Ezra es uno de los mejores jugadores
en lo que respecta al bateo y corrido.
el quinto turno va para
Dostoevsky,
un bateador de poder, grandioso
con gente en base.
el séptimo turno se lo daré a Robinson
Jeffers, ¿pueden siquiera imaginar
a alguien mejor?
él puede poner a volar 350 pies
a doña Blanca.
el octavo turno es para mi
receptor, J.D. Salinger,
siempre y cuando lo
encontremos.
¿para lanzar?
¿qué tal Nietzsche?
tiene fuerza
ha estado rompiendo todos los aparatos
del gimnasio.

¿coaches?

me quedo con Kierkegaard y
Sartre
camaradas deprimentes,
pero nadie conoce mejor
este juego.

cuando entremos al campo,
se acabará el juego,
señores.

vamos a patear algunos
traseros, probablemente
los vuestros.


-- Charles Bukowski.
Versión al español del indolente administrador de esta bitácora.

DALÍ. EL BEÍSBOL Y EL DESTINO


El béisbol posee una fuerza y una persistencia estética propia de las bellas artes. La geometría del movimiento de bates, pelotas, guantes y jugadores alimenta el rumor de los espectadores, en escenas donde lo posible y lo imposible recrean un entresijo sobre lo concreto-real, es decir, recrean una manifestación por encima de la realidad. Por ello no debe extrañar que el gran maestro del surrealismo, Salvador Dalí subrayara su fascinación por el juego de pelota como una portentosa inspiración visual, al hablar del béisbol como un juego del que "como individuo, no sé nada, pero como artista, me obsesiona.
“He venido a Hollywood y me he tropezado con tres grandes surrealistas americanos: los hermanos Marx, Cecil B. DeMille y Walt Disney” escribía Dalí a André Breton en 1937. Dalí conoció personalmente a Disney en 1945. Un año después la compañía Walt Disney contrató a Dalí para trabajar en un cortometraje animado, donde el artista catalán aplicaría su método paranoico-crítico alrededor de la historia de una bailarina enamorada de un pelotero.
El método paranoico-crítico fue definido por el pintor como un vehículo o medio espontáneo de conocimiento irracional, cifrado en la asociación interpretativo-crítica de los fenómenos delirantes de la propia realidad, donde lo paranoico se asociara con la materia blanda y maleable como el queso camembert, y lo crítico se asociara con lo duro e inalterable como la Torre de Babel; tiempo y espacio como dimensiones oníricas y reales.
El proyecto se tituló “Destino” y estaba inspirado en la composición musical homónima del mexicano Armando Domínguez. Sin embargo, al parecer por problemas de presupuesto y de comercialización, “Destino” no pudo llevarse a cabo en las condiciones iniciales.
Décadas después, en 2003, Roy Disney, nieto del fundador, decidió recuperar el corto, del que sólo existían 15 segundos experimentales, y montó un film de dibujos animados de siete minutos. El director francés y experto en animación Dominique Monfery utilizó la técnica 3D con el fin de proporcionarle a los dibujos animados la calidad plástica y la dimensionalidad propia de los trabajos realizados por Dalí en la propuesta original.
Conforme a la propia idea original, el cortometraje relata los amores de una bailarina por un jugador de béisbol, dentro de un contexto daliniano: relojes blandos, hormigas furiosas, perspectivas forzadas, sombras estilizadas y sugerencias sexuales enfermizas y repulsivas. La bailarina sufre una metamorfosis y adquiere el carácter de una mujer-pelota; el pelotero, en cambio, toma un bate para tornarse en un hombre-bate. Pelota y bate se conocen, se gustan, pero el tiempo, representado por el dios griego Cronos, se impone. El juego que no termina ha de terminar, aunque sólo sea para iniciar de nuevo; el juego persiste en la memoria. Al mismo tiempo, en “Destino” el béisbol es una coreografía de lo romántico, es decir, de la trasgresión, de lo obsesivo, de lo duro y de lo blando, mas la realidad y sus límites no pueden escapar al destino, el sueño termina en la ilusión del movimiento.
El cortometraje “Destino” puede ser visto en la siguiente liga:
http://www.tridimagine.com/2011/01/destino-salvador-dali-y-disney.html

miércoles, 27 de abril de 2011

NUEVE ENTRADAS CON KURT VONNEGUT



Kurt Vonnegut (Indianápolis, 11 de noviembre de 1922; Nueva York, 11 de abril de 2007) es uno de los escritores fundamentales de la literatura americana y de la contracultura, autor de novelas como "Matadero 5", "Las Sirenas de Titán" y "Desayuno de campeones".
Vonnegut, irreverente, incisivo, observador y humorista (negro), como testigo de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, en su obra escrita y en sus conferencias se caracterizó por su visión pesimista y ácida de la vida, así como por su visión crítica de las llamadas instituciones políticas y sociales. A manera de homenaje a su talento, varios de los libros de Vonnegut son considerados obscenos por grupos ultra-conservadores.
El administrador de esta intermitente bitácora se había reservado la publicación de esta entrevista exclusiva a Kurt Vonnegut.






Mister Vonnegut, aún sigue con el mostacho. ¿Es algún tipo de homenaje, digamos a los bigotones de los Atléticos de Oakland de la década de los 1970’s?

¿Sabes lo que es el ADN? Quiero que quede muy claro que este bigote que uso es el bigote de mi padre. Debí haber traído una fotografía suya.
Mi hermano mayor, Bernie, ahora fallecido, fue un físico y químico que descubrió que el yoduro de plata a veces puede hacer que nieve o que llueva; él también usaba este bigote

¿Pero le agrada o no el béisbol?

¿Por qué no habría de agradarme? ¿Pero qué es el béisbol? ¿No cabe hablar de distintas variantes del juego? Quiero decir, he seguido muchos juegos de béisbol, tanto de aficionados como de profesionales, mas el béisbol moderno es un juego de origen americano y ya sabes que los americanos terminamos por joderlo todo. Simplemente, analiza el tema de los esteroides, con tal de sobresalir los peloteros no dudan en arriesgar su salud.

¿Por qué dice que “los americanos lo joden todo”?

Porque el espíritu americano es joder las cosas, eso sí, para salvar al mundo, al menos el suyo. Piensa en el tema de las guerras. El otro día le pregunté al antiguo pitcher de los Yankees Jim Bouton su opinión sobre nuestra gran victoria en Irak y me dijo: "Mohammed Alí contra el señor Rogers".
Se trata de guerras que, con un noble pretexto u otro, tienen el objetivo real de incrementar los recursos naturales y los cuadros de mano de obra dócil que tienen a su disposición los americanos más ricos y con los mejores contactos políticos.
Casi siempre es un error mencionar a Abraham Lincoln en un discurso sobre otro tema u otra persona. Siempre roba cámara, y yo estoy a punto de citarlo.
Lincoln era sólo un congresista en 1848, cuando dijo lo que estoy por citar. Se sentía descorazonado y avergonzado por nuestra guerra contra México, país que nunca nos atacó. Nos estábamos adueñando de California, y de un montón de personas y propiedades, y lo estábamos haciendo como si perpetrar una carnicería contra soldados mexicanos que sólo defendían su patria de los invasores no fuera asesinato.
¿De qué más nos apoderamos, además de California? Bueno, estaba Texas, Nuevo México, Utah, y partes de Colorado y Wyoming. La persona a la que se dirigió el congresista Lincoln cuando dijo lo que voy a citar era James Polk, quien entonces era nuestro presidente. Abraham Lincoln dijo sobre Polk, su presidente, el comandante en jefe de nuestras fuerzas armadas: "Confió en escapar del escrutinio al procurar que la mirada pública se fijara en la excelsa brillantez de una gloria militar; ese atractivo arco iris que surge después de las lluvias de sangre; en ese ojo de serpiente que hipnotiza antes de destruir. Fue entonces cuando se arrojó a la… guerra".
¡Caramba! Casi se me sale decir "¡la puta guerra!" ¡Y yo aquí, creyéndome escritor!
¿Sabían usted que incluso fue capturada la ciudad de México durante la guerra que encabezamos contra ese país? ¿Por qué no celebramos esa captura con un día festivo nacional? ¿Y por qué no está el rostro de James Polk en el monte Rushmore junto con el de Ronald Reagan?
Lo que hacía que México fuera un país tan malvado en la década de 1840, es decir, mucho antes de nuestra guerra civil, era que la esclavitud era ilegal en su territorio. ¿Se acuerdan de la batalla del El Álamo? Ese es un claro ejemplo de lo que digo.
Pero en esto de joder las cosas, los conservadores se llevan la palma.

¿Los conservadores? ¿Cómo define usted a los conservadores? ¿No es quizá una forma fácil de llamar al otro, al que no piensa como nosotros?

¿Qué son los conservadores? Son personas dispuestas a mover cielo y tierra, si es necesario; y que están dispuestas a arruinar una compañía o un país o al planeta, con tal de probar ante nosotros y ante sí mismos que son superiores a todos los demás, con la única excepción de sus amigos. Ellos cuidan mucho de sus amigos; cuidan que no vayan a dar a la cárcel y esas cosas.
Los conservadores están locos como chinches. Son bravucones.

¿Hay conservadores en el béisbol?

Los hay en todos lados, no sólo en el béisbol, siempre hay imbéciles en todos los ámbitos. Y no basta con querer ser bueno. Mark Twain dijo: “Sé bueno y serás solitario". Es una frase de “Siguiendo al Ecuador.”
Ahí están los programas de televisión de hoy en día, incluyendo las transmisiones de béisbol. Una de las cosas terribles de la televisión es que si una persona muere en ella, no habrá sido en vano; habrá sido entretenimiento.
Hemos sufrido una calamidad tecnológica. La televisión es ahora nuestra forma de gobierno. ¿Qué razones tenemos para protestar contra la guerra de los conservadores, con ese afán de uniformar conciencias? Podría nombrar muchas razones pero sólo necesito mencionar una, que es el sentido común

¿Podríamos suponer entonces que los conservadores del béisbol son quienes impiden a Pete Rose la entrada al Salón de la Fama?

¿Pete Rose? P… madre. Casi maldigo de nuevo. Has dado con un buen ejemplo. Pete Rose consiguió más de 4,000 hits, ¿no? Es el líder de todos los tiempos en ese rubro. Entonces, hay una falta de sentido común en negarle el acceso al Salón de la Fama. ¿Qué fue un apostador? Puede ser. ¿Pero qué autoridad tienen aquéllos que le niegan el acceso al Salón de la Fama? ¿Acaso son hombres libres de toda mácula? ¿Acaso el Salón de la Fama no tiene ya un montón de peloteros y directivos de dudosa reputación dentro y fuera del campo? Son las incongruencias propias de la doble moral de los conservadores. En estricto sentido, si nos atenemos a los conservadores, en el Salón de la Fama sólo estarían Lou Gehrig, Roberto Clemente y un puñado más. Ni siquiera habría lugar para el bebedor y tragón del Babe. Repito: “Sé bueno y serás solitario".

Muchos aficionados al béisbol desearíamos ver jugar de nuevo a peloteros como Cy Young, Babe Ruth, Ted Williams, Juan Marichal, Sandy Koufax y Rod Carew, por mencionar a algunos peloteros de leyenda. ¿Eso no es una forma de conservadurismo?

No, en lo absoluto. No debemos confundir la simple admiración hacia figuras históricas del béisbol con la actitud de impedir la evolución natural del deporte y el libre intercambio de ideas. Añoranza del pasado no significa represión del presente. Uno debe aprender del pasado y tomar elementos de ese pasado para mejorar el presente y las posibilidades del futuro, mas todo ello no implica cancelar el futuro.

Al escucharle, da la impresión de que su pensamiento está marcado por la política.

Mis motivos para escribir son del tipo político. Yo estoy de acuerdo con Stalin y Hitler y Mussolini en cuanto a que todo escritor debe servir a su sociedad. Está claro que no estoy de acuerdo con estos dictadores en cómo los escritores deben servir a esa sociedad. En lo que a mí concierne, yo creo –tienen que serlo desde un punto de vista biológico– que deben ser agentes de cambio. Los escritores son células especializadas dentro del organismo social. Y son células evolucionistas. La humanidad todo el tiempo está intentando convertirse en otra cosa; está experimentando con nuevas ideas todo el tiempo. Y los escritores son el medio por el que esas nuevas ideas son introducidas a la vez que un medio de responder simbólicamente a la vida

¿Los peloteros tienen también esa capacidad de responder simbólicamente a la vida?

Los peloteros son el reflejo fiel de la evolución de la que hablo. Pensemos en cualquiera de los grandes peloteros de hace más de cien años. Si te gusta el béisbol, esos antiguos peloteros de seguro serían jugadores que te agradarían. Digamos, Honus Wagner. Pero un pelotero de ese calibre representa el béisbol de su día, del momento histórico del que le tocó participar, como en estos momentos podría serlo Derek Jeter. Claro, me dirás que siempre hay peloteros adelantados a su época como en su momento lo fue Jackie Robinson, pero no es que Jackie Robinson quisiera evolucionar, pues él mismo era una célula evolucionada del tejido social, una evolución imparable. Somos lo que pretendemos ser, por lo tanto debemos cuidar aquello que pretendemos ser.





Nota. Algunos de las respuestas de Vonnegut son citas de textos tomados de conferencias y obras suyas, con la idea de difundir su pensamiento, en cualquier caso se reconoce el derecho de autor donde sea aplicable.

EL BEÍSBOL ME LLEVÓ A LA ESCRITURA


Yo tenía ocho años. En ese momento de mi vida, nada era para mí más importante que el béisbol. Los New York Giants eran mi equipo favotiro, y yo seguía la carrera de esos hombres de gorra negra y naranja con toda la devoción de un auténtico creyente. Incluso ahora, al recordar el equipo que ya no existe, que jugaba en un estadio que ya no existe, puedo recitar los nombres de casi todos los jugadores de la lista. Alvin Dark, Whitey Lockman, Don Mueller, Johnny Antonelli, Montee Irvin, Hoyt Wilhelm. Pero nadie era más grande, nadie más perfecto ni más merecedor de ser adorado que Willie Mays, el incandescente chico "Say-Hey Kid".
Aquella primavera, me llevaron a mi primer juego de Grandes Ligas. Unos amigos de mi padre tenían asientos en un palco del Polo Grounds, y una noche de abril fuimos juntos a ver a los Giants contra los Milwaukee Braves. No sé quién ganó, ni siquiera puedo recordar algún detalle del juego, pero lo que sí recuerdo es que cuando terminó mis padres y sus amigos se quedaron sentados hablando hasta que todos los demás espectadores se habían marchado. Se hizo tan tarde que tuvimos que atravesar caminando el "diamante" y salir por la puerta del jardín central, que era la única abierta todavía. Por casualidad, esa puerta estaba justo bajo el vestidor de los jugadores.
En el momento en que nos acercábamos a la barda, pude ver a Willie Mays. No había la menor duda. Era Willie Mays, ya sin uniforme y parado allí en ropa de calle a menos de tres metros de mí. Logré hacer que mis piernas se movieran en dirección a él y, después, tras reunir hasta la última onza de valor, logré forzar algunas palabras en la boca.
- ”Señor Mays dije, ¿podría darme su autógrafo?”
Él debía de tener veinticuatro años, pero no me atreví a pronunciar su nombre de pila.
La respuesta a mi pregunta fue brusca pero amistosa.
- “Por supuesto, chico”, dijo. “¿Tienes un lápiz?”
Mays estaba tan lleno de vida, recuerdo, tan lleno de energía juvenil, que seguía saltando un poco mientras hablaba.
Yo no tenía un lápiz, así que le pedí a mi padre que me prestara el suyo. Él tampoco tenía. Ni mi madre. Ni ninguno de los adultos, según resultó.
El gran Willie Mays estaba allí observando en silencio. Cuando fue evidente que nadie del grupo tenía nada con qué escribir, se volvió hacía mí y se encogió de hombros.
”Lo siento, chico”, dijo. “Si no tienes lápiz, no puedo darte un autógrafo.”
Y después salió del parque de béisbol y desapareció en la noche.
Yo no quería llorar, pero me empezaron a bajar lágrimas por las mejillas, y no había nada que pudiera detenerlas. Aún peor, lloré todo el camino a casa en el auto.
Sí, estaba aplastado por la desilusión, pero también me rebelaba contra mí mismo por no poder controlar las lágrimas. No era un bebé. Tenía ocho años, y se supone que los chicos grandes no lloran por cosas así. No sólo no tenía el autógrafo de Willie Mays, tampoco tenía nada más. La vida me había puesto a prueba y yo había fallado en todos sentidos.
Después de esa noche, empecé a llevar un lápiz a cualquier parte que iba. Se me hizo un hábito no salir nunca de casa in asegurarme de llevar un lápiz en el bolsillo. No es que tuviera algún plan en especial para ese lápiz, pero no quería estar desprevenido. Una vez me habían sorprendido con las manos vacías, y no iba a dejar que pasara de nuevo.
En todo caso, los años me enseñaron esto: “Si llevas un lápiz en el bolsillo, hay una buena posibilidad de que un día te sientas tentado a empezar a usarlo.”
Como me gusta decirle a mis hijos, así es como convertí en escritor.

1995
Paul Auster
The Red Notebook: True Stories.


Nota. Tras enterarse de la historia de Paul Auster, Willie Mays le hizo llegar una pelota autografiada, lo cual como apunta Auster demuestra que el béisbol y la escritura pueden cambiar la realidad.

martes, 26 de abril de 2011

CRIMENES EJEMPLARES DEL BEÍSBOL III



Retomando la serie de crímenes ejemplares del béisbol, como homenaje a la sutil ironía -¿acaso el recurso literario más incomprendido?- de Max Aub, en esta ocasión citamos directamente textos del autor

“¡Era safe, señor! Se lo digo por la salud de mi madrecita, que en gloria esté… Lo que pasa es que aquel ampáyer la tenía tomada con nosotros. En mi vida he pegado un batazo con más ganas. Le volaron los sesos como atole con fresa…”

“Me la devolvió rota, señor. Y me dio una penada… Y se lo había advertido. Y me la quería pagar, la muy… Eso, sólo con la vida.”

“Matar a Dios sobre todas las cosas, y acabar con el prójimo a como haya lugar, con tal de dejar el mundo como la palma de la mano. Me cogieron con la mano en la masa. En aquel campo de fútbol: ¡tantos idiotas bien acomodados! Y con la ametralladora, segando, segando, segando. ¡Qué lástima que no me dejaran acabar!”

“¡Tenía el cuello tan largo!”

"SMOKEY JOE" WILLIAMS


Cuando uno piensa en el más grande lanzador de las legendarias Ligas Negras, de inmediato viene a la mente el nombre de Satchel Paige. Sólo un misterio podría ser más grande que el gran Satchel Paige, y ese misterio se encarna en la persona de “Smokey Joe” Williams.
No se sabe a ciencia cierta cuándo nació y cuándo murió Joseph Williams, mejor conocido como “Cyclone Joe” o “Smokey Joe”. Las fuentes apuntan a que “Smokey Joe” vio la luz en Seguin, Texas, un 6 de abril de 1885 o quizá de 1886, y que falleció el 12 de marzo de 1946 –una farsa al parecer–, o quizá en 1951 ó 1952. Lo que sí se sabe es que era un espigado gigante de 1.95 metros y 90 kilos con una bola rápida al nivel de los más furiosos lanzamientos de Walter Johnson, Chief Bender, Rube Marquad, Waite Hoyt y Grover Cleveland Alexander, a quienes llegó a vencer, incluyendo dos veces a Johnson y una a Alexander con home-run incluido; todo ello en juegos de exhibición claro está porque los jugadores negros no eran aceptados en las Grandes Ligas, y “Smokey Joe” tenía no sólo sangre comanche, sino también sangre negra.
El formidable velocista inició su carrera profesional en 1905 en San Antonio, donde tuvo números de ganados y perdidos de 28-4, 15-9, 20-8 y 32-8. “Smokey Joe” tenía un buen repertorio de lanzamientos rápidos, pero el mejor de ellos era su bola ciclónica de humo, tal y lo sugieren con tino sus apodos. En 1909, en un juego de exhibición contra un equipo de Chicago patrocinado por el padre de las Ligas Negras, Rube Foster, “Smokey Joe” tiró una blanqueada que fue su pasaporte al norte de los Estados Unidos con los Lincoln Giants.
El 24 de octubre de 1912, “Smokey Joe” se enfrentó a los campeones de la Liga Nacional, los New York Giants, quienes venían de perder la Serie Mundial con los Boston Red Sox y “Smoky Joe” Wood. El pelotero negro dejó en cuatro imparables y 20 ponches a los orgullosos blanquitos, para una victoria de 6 a 0. “Nice job, Smokey”, le dijo al final un jugador rival.
La victoria no fuera mera casualidad, pues en su trayectoria, “Smokey Joe” solía verse dominante ante los equipos de Grandes Ligas. Tampoco era extraño que “Smokey Joe” Williams lanzara juegos con más de una veintena de ponches, pero en agosto de 1930, ya cuarentón y jugando para los Homestead Grays se dio el gusto durante 12 innings de abanicar a 27 bateadores de los Kansas City Monarchs. De hecho, ese mismo año, venció 1-0 en el único juego en el que se llegó a enfrentar a un incipiente portento llamado Satchel Paige. Este sin dudar afirmó haberse enfrentado al más grande lanzador de todos los tiempos en las Ligas Negras.
Durante su carrera, “Smokey Joe” jugó para los siguientes equipos en los Estados Unidos: San Antonio Black Bronchos, Chicago Leland Giants, New York Lincoln Giants, Chicago American Giants, Atlantic City Bacharach Giants, Brooklyn Royal Giants, Homestead Grays, Detroit Wolves. De igual modo, el estelar pitcher tuvo su paso por el Caribe en Cuba y hasta dicen algunos que por México. Nunca jugó en Grandes Ligas por el débil motivo de ser de raza negra.
Tras su retiro en 1934, “Smokey Joe” al parecer trabajó como bartender en la ciudad de Nueva York. ¿Cuántas historias no tendría para contar en el bar? Ty Cobb, quien no solía hablar bien de otros peloteros, mucho menos de los peloteros negros, observó que “Smokey Joe” tuvo facultades para ser un ganador regulador de 30 juegos o más en las Grandes Ligas. No se diga más, Ty Cobb dixit.

lunes, 11 de abril de 2011

JUEGOS DE AMOR Y MALQUERENCIA



Esta novela llegó a mis manos como un préstamo del Lic. Landeros: “A ti que te gusta el béisbol, puede también que te guste esta novela.” La historia se centra en 10 trabajadores del campo y un perro, el Chamuquillo , por allá en la comarca lagunera, en concreto en el pueblo de Santa Teresa. El béisbol de los Tereseros de Santa Teresa se presenta en estas páginas como un divertimiento, como un fervor por la liturgia de la pelota y a la vez como un entresijo esencial donde la amistad, el amor –o mejor dicho, la franca calentura–, el sotol, el honor, el misterio y la muerte tienen cabida. En efecto, como en la vida misma, la muerte ronda en todo momento, cual telón de fondo: un asesinato no resuelto, un misterio tras otro misterio, el del béisbol mismo. Una historia bien contada, con un lenguaje llano y sin artificios innecesarios: “El juez gritó ponche y nos quedamos a una carrerita mientras Sixto Benavides y su gente tiraba cachuchas al aire, pegaban gritos, mentaban madres y daban manotazos de puritita felicidad.” Lenguaje y béisbol en perfecta armonía. Para leer de un sentón, si señor. “Juegos de amor y malquerencia”, Jaime Muñoz Vargas Editorial, Joaquín Mortiz, 2003, 127 pp.

martes, 21 de diciembre de 2010

EL HOMBRE QUE FUE BOB FELLER


“Envidio - aunque no sé si envidio - a aquellos de quienes se puede escribir una biografía, o que pueden escribir sobre sí mismos. En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo, narro con indiferencia mi autobiografía sin hechos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones y, si en ellas nada digo, es porque en ellas nada tengo que decir."
En las palabras del poeta Fernando Pessoa se aprecia la fragilidad de lo trascendente, si hemos de aceptar sin disputa la validez de emplear tal término. Pessoa era un gran poeta y nadie lo sabía. A Pessoa se le catalogó de grande tiempo después de su muerte. ¿Pero que más da el tener y el ser si somos contingentes en todo caso? Lo llamado grande es una consecuencia de lo pequeño contra lo cual se compara en forma por demás subjetiva. Las biografías monumentales son cimentadas en miríadas de actores secundarios. A veces algún personaje secundario se desboca y cobra una relevancia primaria. ¿Se tratará de una trama prevista por el Gran Director dentro de su ordenamiento universal o quizá de una mera manifestación de la entropía de lo concreto-real? No lo sé, más en el béisbol se conjugan en perfecta armonía lo lineal y lo sinuoso. En no pocas ocasiones, armado de las posibilidades combinatorias, el béisbol nos libra de la cadena ordinaria del tener y del ser, para construir nuevos escenarios - contingentes como cualquier otro, desde luego. La memoria quiere rescatar uno de esos escenarios. Veamos.
27 de septiembre de 1940. Los Tigres de Detroit y los Indios de Cleveland se disputaban el banderín de la Liga Americana en una lucha sin tregua. Los Tigres necesitaban sólo un triunfo más para asegurar el banderín. Sin embargo en medio del camino les esperaba la brújula y la muerte: una feroz legión de aficionados a los Indios y sobre todo Robert William Feller: “Bullet Bob”, “Rapid Robert”, “Heater from Van Meter”.
Sí, Bob Feller que en 1936 se convirtió en la mayor sensación del béisbol desde el advenimiento de un tal Babe Ruth. Sí, Bob Feller, el mismo que debutó con los Indios ponchando a 15 rivales y que tres semanas más tarde mandó sentar a 17 bateadores rumiantes, empatando así la entonces marca de Dizzy Dean. Sí, Bob Feller que en su temporada de novato era el americano más famoso, salvo por Shirley Temple en opinión de algunos. Sí, Bob Feller que ganó 266 juegos con los Indios y que no ganó 400 porque se fue a hacer el estúpido servicio militar a los mares del Pacífico sur durante la Segunda Guerra Mundial. Sí, el mismo Bob Feller que en una ocasión no sólo se dio gusto ponchando con tres rápidas de humo al legendario lanzador Lefty Gómez, sino que además como consecuencia mediata le hizo declarar: “La última sonó un poco abajo.”
Sí señor, el mismísimo Bob Feller, es decir, la reencarnación del portentoso Walter Johnson, según lo señala el Libro Sagrado del Tibet.
Así las cosas, Del Baker, el manager de los Tigres daba por un hecho la derrota de su equipo, pero sabía que tendría una oportunidad de ganar en alguno de los otros juegos. En otras palabras, ¿para qué desperdiciar ante Bob Feller a sus mejores cartas Bobo Newsom o Schoolboy Rowe? Por eso, Del Baker sorprendió a los legos al designar a un desconocido de 31 años llamado Floyd Giebell para ser el cordero de sacrificio.
Giebell apenas había debutado el 19 de septiembre de 1940 y en lo que sería su tercer juego en las Grandes Ligas se enfrentaría a Bob Feller en el estadio de los Indios: 45,000 aficionados armados con vituperios, imprecaciones, huevos podridos, huevos no podridos, coliflores, tomates y frutas con y sin gusanos. En cuanto los Tigres pisaron el terreno de juego, en el acto fueron bombardeados con los misiles antes descritos. En pleno juego el ampáyer tuvo que detener dos veces las acciones debido a la lluvia torrencial de frutas. Hasta el manager de los Indios, Ossie Vitt imploró a los aficionados que observaran un mejor comportamiento. Al jardinero de los Tigres, Hank Greenberg lo acribillaron con un tomate mientras perseguía un elevado. Al bullpen de los Tigres le cayó desde la grada más alta una carretada de tomates que casi le da a Schoolboy Rowe, pero que dejo inconsciente al receptor suplente Birdie Tebbets.
Sobre el telón de fondo se fraguaba el holocausto sistemático de los Tigres y en particular del patiño Floyd Giebell. “¡Mira que atreverse a desafiar a Bob Feller!”, “Floyd, ¿qué cárajos?”, se leía en los ojos del público, además de la rabia (no) contenida porque juegos antes, es justo decirlo, los aficionados de los Tigres habían bombardeado a los Indios con biberones y consignas de “indios nenitas”. Para la gente de Cleveland, esos Tigres se habían ganado en vida el derecho a los infiernos.
Y Bob Feller sólo concedió tres imparables a los Tigres, uno de ellos un home-run de dos carreras que le sonó el primera base Rudy York. Dos carreritas apenas para los Tigres. Pero sólo necesitaron dos, porque Floyd Giebell, en comando absoluto de sus lanzamientos, silenció por completo a la artillería de los Indios.
Sí, Floyd Giebell que ese día ganó su tercer y último juego de su carrera en Grandes Ligas, la cual finalizó con un olvidable 3-1 en 28 juegos (cuatro como abridor) y un 3.99 de carreras limpias admitidas en 67 y 2/3 de innings. Sí, Floyd Giebell que fue enviado como Bob Feller a la Segunda Guerra Mundial, pero que a diferencia de este nunca pudo regresar a las Ligas Mayores. Sí, el mismo Floyd Giebell que trabajó en un modesto laboratorio de control de calidad de Weirton Steel.
Sí señor, el mismísimo Floyd Giebell que un día 27 de septiembre de 1940 no sólo enfrentó y venció a Bob Feller, sino que por uno de esos artilugios mágicos del béisbol le se le concedió por nueve innings ser el gran chamán Bob Feller.

domingo, 24 de enero de 2010

ESTILO (HOMENAJE A TY COBB)


ESTILO
(Por Carl Sanburg)

Estilo, sí: adelante, hablad del estilo.
Es fácil saber de dónde saca un hombre su estilo,
como fácil es saber de dónde saca la Pavlova sus
piernas
o Ty Cobb el ojo con que mira al batear.

Que sigan hablando.
Eso sí: a mí que no me quiten mi estilo.
Es mi rostro.
Tal vez no sirva para nada,
pero es de todas formas mi rostro.
Hablo con él, canto con él, gusto y siento con él.
Sé por qué quiero conservalo.

Matad mi estilo
y le partiréis las piernas a la Pavlova,
y cegaréis el ojo con que mira Ty Cobb al
batear.

domingo, 15 de noviembre de 2009

NOCHE DE BÉISBOL Y DE VINO


No importó el hecho de nos encontrásemos en un irreductible bastión futbolero, ni que fuese la noche de un viernes ni un viernes de un fin de semana de puente vacacional. Un puñado de leales amigos y aficionados al béisbol se reunió en Guadalajara para hablar del Rey. Gracias a Óscar Oropeza, a Teodoro Rodríguez, a Martín Velázquez, a Francisco Wilson, a Fabiola González (quien se salió de clases para asistir), a Luis Sánchez, a Saralicia Jiménez (quien no asistió, pero tuvo la gentileza de enviar las botellas de vino), a TVC por transmitir ese día y en cadena nacional la película de “Eight men out” y a los demás asistentes al evento.
A solicitud popular, una reproducción del discurso de Manuel Salgado Martínez en la presentación de “Dime que no fue así, Joe” en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el día 13 de noviembre de 2009, en la Biblioteca de la Universidad Panamericana.


*


Estimado auditorio, bienvenidos todos,


Siempre me gusta presentarme como doblemente contador, y ahora lo haré de la misma manera con mi colega y amigo, el señor David Calderón. Doblemente contador, por un lado porque orgullosamente portamos el título de licenciado en Contaduría de esta universidad y por otro lado, portamos un estandarte invisible como contadores de cuentos, de anécdotas, como relatores de la Historia por el mero afán de serlo, sin pretensiones, sin ostentaciones, y sólo con el premio que representa la satisfacción de escribir. Lo repito, contador público que escribe. Espero que ustedes puedan entender que se está rompiendo el estereotipo. Pienso que tal vez el señor David sea una versión moderna del doctor Jekyll y míster Hyde, durante el día vistiendo un riguroso traje y descifrando con un lenguaje propio los laberintos de las leyes y reglamentos fiscales, misceláneas, resoluciones, pero que en un abrir y cerrar de ojos se convierte en un ser parecido a lo místico que idea fantasías y elucubra historias.

Hace poco escuche una entrevista a Elmer Mendoza, un escritor mexicano contemporáneo, y él acertadamente decía, con otras palabras, que los cuentos deben de ser cortos, intensos, ir al grano, porque así es la vida real. Cuando vamos a contarle un chisme a la vecina no nos tardamos días, vamos al grano y sólo acentuando los detalles que le dan fuerza a la historia, que por cierto debe de ser algo bueno que contar.

En estos tiempos en que andamos a las prisas, los relatos cortos se vuelven un recurso accesible, en cuanto a tiempo, para los lectores. Si nos gusta, leemos el cuento de tirón hasta terminarlo. Si no, lo desechamos sin haber vivido el mismo remordimiento como cuando desechamos una novela.

Lo que más recuerdo de nuestra profesora de Historia del Arte, de la carrera de contaduría, no fue la posibilidad de identificar una columna dórica (lo cual ya olvidé), sino el comentario de que la realidad es como un diamante, y cada quien, cada uno de nosotros ve diferentes caras y por ello la percibe de manera diferente. Esa percepción del diamante es la que plasma el escritor en sus relatos, lo cual hace una gran analogía al tema que nos compete, porque el libro de “Dime que no fue así, Joe”, es precisamente un compendio de relatos cortos en otro diamante, el que está formado por cuatro bases y un montículo, el del rey de los deportes, el beisbol.

Los que no conocen al señor David Calderón, creerán que su seudónimo de Capitán Tomate viene de cada vez que se sonroja, especialmente cuando trata de conquistar una chica guapa o cuando las catas de vino son prolongadas y se pierde la cuenta de las copas de vino ingeridas, pero temo decirles que no es así. Si bien el señor David acostumbra sonrojarse, el mote proviene de un equipo de beisbol de su natal Culiacán, los Tomateros, del cual ha mostrado un exacerbada afición, a tal grado, que hace no poco fue capaz de ir a presentar este mismo libro a la ciudad de Mazatlán, cuna de acérrimos rivales. Siempre he creído que el beisbol es la mezcla perfecta entre el ajedrez y el box, porque se combina la astucia, la agilidad mental con la fuerza física y la velocidad. Entre más conoces el beisbol más te enamoras de este deporte.

Hoy tenemos aquí una muestra que el señor David nos ha ayudado a recolectar y cuidadosamente preparar. Las historias de beisbol valen la pena ser contadas, y tienen mayor valor aún, si son contadas con un toque de humor, de sarcasmo, y de vivencias propias. "Dime que no fue asi, Joe" contiene una entretenida amalgama de experiencias personales, de relatos ocurridos durante el nacimiento del beisbol a finales del siglo XIX y las figuras hoy convertidas en leyendas, así como anécdotas relacionadas con el equipo de sus amores, los Tomateros de Culiacán. Se atreve a confesar sus trampas infantiles para ganar la cartita de colección que le faltaba o conseguir el corte de pelo de su jugador favorito, y de alguna manera confiesa la pasión por este deporte transformada en palabras, y compartida al lector, sin importar el grado de conocimiento que el lector pueda tener por este deporte.

Creo que El señor Calderón está encontrando un estilo, y algunos de sus cuentos que me recuerdan un poco a García Márquez por su riqueza de vocabulario o a Rubén Darío por su perfecta y bella construcción de frases.

Felicito de corazón al autor de este libro, felicito a esta universidad por el acierto de invitar a su egresado a presentar su libro en Guadalajara e invito amablemente al público a pasar un rato en compañía de este magnífico libro orgullosamente culichi, por supuesto, orgullosamente beisbolero.



jueves, 5 de noviembre de 2009

EL CAUCE DE LAS COSAS



Si bien es cierto que el universo es gobernado por el principio de entropía, en donde todo tiende al caos, el béisbol es regido por reglas distintas que representan una suerte de micro-clima de las leyes de la causalidad.

Tarde o temprano en el beísbol el orden termina por imponerse: no hay más allá de los tres strikes o de las cuatro bolas, los outs se suceden unos a otros dejando resquicios por donde se cuela el infinito, los Yankees de Nueva York tarde o temprano recobran su título de Serie Mundial y Paquín Estrada retoma su papel inescrutable de manager de los Tomateros de Culiacán.
Bienvenido Paquín a tu casa, a tu equipo, al que no dejas nunca, sino que sólo otorgas en préstamo.

EL EVANGELIO SEGÚN GODZILLA


La bitácora felicita afectuosamente a los Yankees de Nueva York, campeones 2009 de las Grandes Ligas y al Jugador Más Valioso de la Serie Mundial, Hideki Matsui. 27 Títulos de Serie Mundial. Los números revelan lo incuestionable: El equipo más grande del béisbol.

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