miércoles, 16 de julio de 2008

YANKEE STADIUM REVISITED



Lo que acontece en Yankee Stadium es siempre especial. 15 de julio de 2008. Juego de Estrellas. El último Juego de Estrellas en Yankee Stadium. Liga Nacional contra Liga Americana. Dos mexicanos presentes. Varias caras nuevas. 15 entradas de béisbol mágico. Pitcheo impoluto: Ben Sheets, Carlos Zambrano, Dan Haren, Brandon Webb, Cliff Lee, Roy Halladay… Mariano Rivera aclamado por el público. A-Rod quedó a deber. Una delicia (siempre) ver jugar a Miguel Tejada. Justin Morneau y su swing elegante. El fildeo extraordinario del receptor Rusell Martin. El brazo del jardinero Nate McLouth. Los errores de Dan Uggly (Uggla). Joakim Soria imponente. Adrián González a la altura. David Faittelson con cara somnolienta desde la novena entrada. Candy Maldonado rogando encarecidamente por un toque para avanzar a los corredores. Los managers que olvidaron el librito en el hotel. Ernesto Jerez con su “no, no, no” en la garganta. Al final cae la carrera. Anota la Liga Americana. 3-4. La Liga Nacional se queda tendida sobre el terreno. El Juego de Estrellas de más larga duración en la historia. Un maratón formidable de cuatro horas y cincuenta minutos. Esto es Yankee Stadium. Yo madrugo al rato. Dormiré 5 horas. Qué importa. Esto es béisbol.

martes, 15 de julio de 2008

YANKEE STADIUM, EL INTOCABLE


¿Qué por qué no hablo del adiós a Yankee Stadium? ¿Acaso no me he enterado de que se juega el último juego de estrellas en Yankee Stadium? ¿Acaso no sé que van echar abajo a Yankee Stadium después de la temporada 2008? Yo les digo: ¿para qué?
Seré breve. Yankee Stadium no se toca.
Una cosa es abatir, derruir o demoler un montón de ladrillos y otra cosa muy distinta es sostener que Yankee Stadium dejará de existir. Yankee Stadium es inmortal. ¿Cómo olvidar el genio del Bambino, el hombre que a punta de batazos, cual un Miguel Ángel con cincel en mano construyó Yankee Stadium? ¿Cómo olvidar a Miller Huggins? ¿Cómo olvidar la despedida del caballo de hierro Lou Gehrigh? (Lou Gehrigh eras mejor que nadie) ¿Cómo olvidar las glorias de las innumeras Series Mundiales conquistadas? ¿Cómo olvidar los enfrentamientos con los Dodgers de Brooklyn? ¿Cómo olvidar a Joe Louis destrozando a Schmeling, mientras Hitler ante un televisor deletreaba la palabra estupefacto? ¿Cómo olvidar la magia prodigiosa de Mickey Mantle? (Mickey Mantle, el sonido de su bate era una sinfonía) ¿Cómo olvidar al inolvidable Joe DiMaggio? ¿Cómo olvidar la sabiduría de Casey Stengel? ¿Cómo olvidar a la vaca sagrada de Phil Rizzuto? ¿Cómo olvidar los 61 cuadrangulares de Roger Maris? (61 cuadrangulares, por dios.) ¿Cómo olvidar el Juego Perfecto de Don Larsen? ¿Cómo olvidar al ebrio elegante de Billy Martin? ¿Cómo olvidar a ese portento de la loma que era Catfish Hunter? ¿Cómo olvidar los 25 triunfos de Ron Guidry? ¿Cómo olvidar al gran Capitán Thurman Munson? ¿Cómo olvidar al bigotón Don Mattingly? ¿Cómo olvidar a Bernie Williams? ¿Cómo olvidar las ojeras sicilianas de Joe Torre? ¿Cómo olvidar el bate oportuno de Scott Brosius? ¿Cómo olvidar todas las glorias y todas las no glorias, grandiosas también porque sucedieron en Yankee Stadium?
Yankee Stadium forever.

lunes, 14 de julio de 2008

LOS MISTERIOS DEL LOBO


"Exijo una explicación”, decían los personajes de Condorito al final de cada chiste. Vamos, que nadie lo sabe todo. Hay cosas que uno por más que quiera nunca va a entender: el amor, la combinatoria discreta, la ley del seguro social. Son los dogmas de la Fe diría el padre Cuco. De acuerdo, llámenle como quieran. Yo puedo comprender que haya una cosa tan rara, inverosímil e inexplicable llamada Santísima Trinidad (los tres seres distintos y un solo dios). Yo puedo asimilar que después de arrasar con Irak, los americanos se sientan los salvadores del mundo civilizado. Más aún, yo puedo tener una noción vaga de por qué hay gente que disfruta las películas de Adam Sandler. Pero no, señores, yo no puedo tener ni la más remota idea de por qué ese gran Tomatero que es Paquín Estrada dirigirá a los naranjeros de Hermosillo, mientras ese venado de lesa humanidad que es Juan José Pacho dirigirá a los Tomateros de Culiacán. ¿Infiltrados para corromper el Imperio desde adentro? ¿Cosa de billetes? ¿Despecho puro? ¿Hermeneútica beisbolera? ¿Mera casualidad? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Esa lógica arcana definitivamente no es la mía. Si, como proponen algunos ateos, todo viene del azar, entonces yo les digo que el azar es verdaderamente perverso, un lobo impávido, casi criminal…

sábado, 12 de julio de 2008

ADIÓS A BOBBY MURCER


No, nunca fue como Mickey Mantle, con quien tanto se le comparó al inicio de su carrera, pero en cambio fue un sólido parador en corto por 17 temporadas que incluso se convirtió en el tercer Yankee (después de Dimaggio y Mantle) en ganar más de cien mil dólares al año. De 1971 a 1974, Murcer participó en el Juego de Estrellas. En 1972 obtuvo el Guante de Oro.
En los años 1980’s, Mercer fue comentarista de los juegos de los Yankees, haciendo equipo con el gran Phil Rizzuto, Frank Messer y Bill White. Es difícil no recordar su inconfundible acento sureño de Oklahoma (algo así como la versión americana del acento culichi). Cuando en una ocasión alguien lo criticó al respecto, Mercer respondió imperturbable: “He pasado más de cuatro décadas tratando de perfeccionar ese acento y tengan por seguro que no lo voy a cambiar.”
Bobby Mercer falleció el 12 de julio de 2008 a los 62 años. Descanse en paz ese hombre que tanto amó la camiseta Yankee. Lo despedimos con estos versos del poeta Antonio Machado:

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Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

martes, 8 de julio de 2008

¿EL BÉISBOL, UN DEPORTE MALIGNO?


“Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana, y del primero no estoy tan seguro”, sostenía el físico Albert Einstein. Comparto la idea. Mi teoría de la irracionalidad humana gira alrededor del concepto del título nobiliario y del ataque a los derechos del individuo perpetrado por los hacedores de leyes. Es decir, el ser humano para sentirse seguro a todo le tiene que otorgar un título nobiliario: éste es contador, aquél abogado, aquél otro chofer; ésta es mi novia, ésta es mi mujer, ésta es mi hermana, etc. Desde luego en un sitio netamente beisbolero no voy a aburrir a los lectores explayando mis teorías de cantina. En otra ocasión será. Además, no soy imparcial (quien lo es, no es humano): me confieso como un anarquista romántico. Sin embargo, voy a dejar constancia (una vez más), de que los políticos, con todo y sus artes maquiavélicas, revisten un cariz de estupidez que a pesar de todo suelen explotar a su favor. Sus paranoias personales devienen en paranoias colectivas. Veamos una historia basada en un texto publicado en el diario Récord.
El béisbol comenzó a practicarse en China en 1863 en Shangai. El Rey de los Deportes fue llevado a China por comerciantes y viajeros estadounidenses. Su práctica comenzó a ganar adeptos de manera paulatina y a inicios del siglo XX se dieron los primeros juegos organizados entre clubes deportivos y universidades. No obstante, llegó Mao Tse Tung (1893-1976) y la revolución comunista. El legado de Mao es objeto de gran controversia. Muchos chinos consideran a Mao como un gran revolucionario, un gran líder. Reivindican su figura, aunque reconozcan que incurrió en serios errores al final de su gobierno. De acuerdo con Deng Xiaoping, quien fuera desplazado durante la Revolución Cultural acusado de seguir el camino de restauración capitalista, Mao estaba las tres cuartas partes en lo correcto y una cuarta parte errado y su contribución fue primordial y sus errores secundarios.
Discrepo de Deng, pues dentro del “margen de error” del cuasi-infalible Mao, se encuentra un error no secundario, sino fundamental a mi entender. En 1959, Mao ordenó la disolución de todo equipo de béisbol y declaró ilegal la práctica de este deporte, argumentando que “el béisbol era una influencia maligna de occidente”. Con ello, Mao privó al pueblo chino de uno de los grandes placeres de esta vida, en una suerte de castración mental en masa. Vaya, ni siquiera al vilipendiado Hitler ni a la retrógrada Inquisición se les ocurrió declarar al béisbol un artilugio demoníaco. Y pensar que Mao tiene un cierto aire de Paquín Estrada asiático.
Una vez bien muerto Mao Tsé Tsé y tras la caída de la Revolución Cultural, el béisbol pudo practicarse de nuevo en China. En 2002 se organizó la Liga Nacional, en la que actualmente participan seis equipos. En 2006, China participó en el Clásico Mundial de Béisbol. Con los Juegos Olímpicos en Beijín, la ironía es insoslayable: el béisbol se hará presente en el país del anti-beisbolero Mao y no sólo eso, sino que jugaran por igual países socialistas (si acaso aún existe tal cosa) y capitalistas. Después de todo, vendrán héroes y dictadores, habrá hombres libres y sometidos, caerán banderas y fronteras, en otros lados surgirán también otras banderas y fronteras, pero el béisbol seguirá ahí, intacto y esférico, mientras exista un ser humano que disfrute del arte de aporrear una pelota y de lanzarse para atraparla con un guante de piel.

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