miércoles, 7 de mayo de 2008

REMEMBRANZAS DEL HUEVITO ÁLVAREZ


Dicen los más viejos (y los conocedores) que Guillermo Álvarez “el Huevito” ha sido el mejor short stop en la historia del béisbol mexicano. En suma, un fildeador de guante mágico y de bate constante.
No me tocó ver lugar al Huevito. Vaya, ni a mi mamá le tocó verlo jugar. Yo soy de cuando el atari era la sensación entre los morritos, de cuando los adolescentes se machacaban la entrepierna mirando en la TV a Verónica Castro y de cuando Michael Jackson aún era negro . En cambio, el Huevito era un estupendo short stop mexicano allá en los años 40’s y 50’s. En el invierno jugó 16 años, siempre con ese portentoso club que son los Tomateros de Culiacán, mientras en el verano repartió su carrera entre el águila de Veracruz y los pericos de Puebla. Ojo, porque en esa época la Liga del Verano contaba con varios grandesligas y leyendas de las Ligas Negras por cortesía del empresario Jorge Pasquel.
Si bien no pude gozar en vivo de los fenomenales engarces del Huevito, si tuve la oportunidad de verlo trabajar como manager. Eran finales de los años 90’s en la Liga Japac (una liga municipal allá por mi tierra en Culiacán). ¿El equipo? El IRS, es decir el equipo del Instituto de Readaptación Social, o sea, señores, el equipo del bote, del tambo, del reclusorio, del penal, de la cárcel, de la penitenciaría, o como quieran llamar a ese selecto lugar de contricción.
Mi padrino, el licenciado Francisco Javier Ruelas, a quien le mando un saludo desde esta bitácora, despachaba entonces como director del IRS. El Licenciado, como hombre derecho que es, siempre se tomó en serio su trabajo, de tal modo que preocupado porque los reclusos se dedicaran a tareas más sanas que las de robar, matar, sodomizarse, dedicarse a la política o echarse viajes siderales al amparo de la mariguana, la heroína, la cocaína, el crack, el cemento, el resistol 5000, el alcohol, el peyote, el agua de tepache, las anfetaminas y otros regios estimulantes sensoriales, se dio a la tarea de armar un equipo de béisbol, para lo cual comisionó la tarea al Huevito: “Ponga a jugar béisbol a estos cabrones.”, fue la orden.
El Licenciado me invitaba a los juegos del equipo del IRS, el cual cabe señalar que siempre jugaba de local, pues estaba complicado sacar a los reos del tambo para llevarlos al campo oficial de la Liga Japac.
Francamente el Huevito hacía un trabajo extraordinario. Explotaba al máximo las habilidades beisboleras de los presos. Los internos del IRS se veían motivadísimos por demostrar que no sólo eran simples malandrines, sino también buenos peloteros. Sobre todo, se sentían de alguna manera integrados de nuevo a la sociedad. De hecho hasta los otros reos que no jugaban béisbol estaban más emocionados con el equipo del ISR que con los Yankees de Nueva York de Jeter, Martínez, Williams y compañía.
Los juegos eran fantásticos. Ni los reos ni “los de afuera” pedían ni daban cuartel. No era extraño ver juegos de extrainnings. A veces un batazo o una atrapada decidía el gane.
El equipo del IRS, sabiamente manejado por el Huevito, iba escalando posiciones en la tabla de la Liga. Se mantuvieron más o menos toda la temporada entre los cuatro primeros lugares. Iban a pelear el campeonato, de eso no había duda alguna.
Pero nada es perfecto. Ya a punto de terminar la temporada, le comenté al entusiasmado Licenciado: “Licenciado, en esta Liga el negocio es vender cerveza en los juegos. Aquí en la cárcel no se puede vender cerveza. No los van a dejar llegar muy lejos en los play-offs, porque se acaba el negocio de la Liga.” El Licenciado me respondió: “No va a pasar nada. Una cosa muy importante es que los internos aprendan a conseguir las cosas de forma honrada, con esfuerzo y sacrificio. Si juegan bien, claro que van a ganar la Liga y se les va a reconocer como campeones. Además tenemos al mejor manager posible.”
El equipo del IRS se metió a los play-offs y empezó a meter miedo a todos los rivales. Estaban jugando como un auténtico trabuco. No se veía como los fueran a parar en su camino al campeonato. Pero con todo y eso los pararon…
No sé por qué compromisos no pude asistir a los partidos de play-offs, pero sucedió lo que me temía. Leí en una crónica de José Carlos Campos en el periódico “El Debate” que en las semi-finales de la Liga Japac el equipo del IRS había sufrido un atraco en despoblado por parte de los señores ampayers y que en consecuencia habían sido eliminados de los play-offs. No pude dejar de pensar en cierto incidente en uno de los partidos anteriores, en donde un pelotero visitante llamó “pinche ratero” a uno de los internos del IRS y en donde este último le reviró: “No compita, los inches rateros chingones están allá afuera, no aquí. Aquí nomás habemos jugadores de béisbol. Si no, pregúntale al Huevito, porque él si sabe de béisbol.”

viernes, 2 de mayo de 2008

EL JUEGO DE LA INOCENCIA Y EL CRECIMIENTO (PARTE II)


EL JUEGO DE LA INOCENCIA Y EL CRECIMIENTO
Por Roger Rosenblatt

PARTE II

En la década de 1950 uno de los grandes jugadores de este deporte, Willie Mays, de los Gigantes de Nueva York, hizo una legendaria atrapada de la pelota bateada a la parte más profunda de uno de los estadios más grandes, que se alejaba del "home" sobre su hombro. No fue solamente que Willie volvió su espalda y arrancó, fue el continente verde de césped en el que corrió y la espera para ver si alcanzaba la pelota y el olor del sudor propio y el de todos los demás que se encontraban sentados en el estadio, como puntos en un panorama puntillista de Seurat, en la concavidad tallada de un planeta que luce pálido bajo la luz del día, púrpura y esmeralda brillantes en la noche.
Con todo, la juventud y la esperanza del juego constituyen sólo una mitad del béisbol y, por tanto, la mitad de su significado para nosotros. Es en la segunda parte del verano de la temporada de béisbol cuando se revela la naturaleza completa del juego. La segunda parte, no tiene el descuidado optimismo de la primera mitad. Cada año, desde agosto hasta la Serie Mundial en octubre, comienza a descender sobre el juego una sensación de mortalidad, sospecha que se intensificará para finales de septiembre, hasta llegar al conocimiento cierto de que algo que era radiante, vigoroso y rebosante de posibilidades puede llegar a su fin.
La belleza del juego está en que sigue el trazado del arco de la vida estadounidense, desde la inocencia estadounidense que se desvanece para tornarse en experiencia. Hasta mediados de agosto el béisbol es un niño en pantalones cortos que grita en el césped suculento; más adelante se transforma en un veterano astuto, de cuello quemado por el sol, cuya preocupación principal es proteger el home. En su segundo verano el béisbol es cuestión de insistir en sacar la pelota del diamante. Sadaharu Oh, el Babe Ruth del béisbol japonés, escribió una oda a su deporte en la cual ensalzó el calor del verano y previó el cambio en "la aproximación de la luz del invierno".
No es de extrañarse que el béisbol produzca más literatura excelente que cualquier otro deporte. Escritores estadounidenses, novelistas como Ernest Hemingway, John Updike, Bernard Malamud y la poetisa Marianne Moore, han visto en el juego la nación soñada. La violación de sus sueños por el país se encuentra aquí también. Como Estados Unidos mismo, el béisbol luchó contra la integración hasta que Jackie Robinson, el primer afroestadounidense de las grandes ligas, defendió todo lo que el país quería creer. Estados Unidos también resistió su propio destino autodeclarado de ser el país de todo el pueblo y entonces, cuando sí luchó por llegar a ser el país de todo el pueblo, negros, asiáticos, latinos, todo el mundo, el lugar mejoró. El béisbol mejoró también.
En el béisbol, en despliegue silencioso, se encuentra el diseño de la constitución misma de Estados Unidos. El texto básico de la constitución es el edificio principal, una estructura simétrica del siglo XVIII afianzada en los principios del siglo de las luces de la razón, el optimismo, el orden y la precaución con la emoción y la pasión. Los arquitectos de la constitución, todos ellos fundamentalmente mentes británicas del siglo de las luces, procuraron construir una casa en la que los estadounidenses pudieran vivir sin hacerla caer poniendo sus impulsos por encima de su racionalidad.
Sin embargo, el problema con esa recopilación original de leyes era su excesiva estabilidad, su demasiada rigidez. Por consiguiente, a los padres de la patria se les ocurrió la idea de la Declaración de Derechos, que en términos del béisbol pueden considerarse como el estímulo de la libertad individual dentro de leyes inmutables. El béisbol es al mismo tiempo clásico y romántico. Así es Estados Unidos y tanto el país como deporte sobreviven manteniendo los dos impulsos en equilibrio.

Roger Rosenblatt es periodista, escritor, dramaturgo y profesor. Como ensayista de la revista Time ha recibido numerosos honores del periodismo escrito, incluso dos premios George Polk, así como premios del Club de la Prensa Extrajera y del Colegio de Abogados de Estados Unidos. Los ensayos que presenta en la red de televisión pública de Estados Unidos le han merecido los prestigiosos premios Peabody y Emmy. Es autor, más recientemente, de la novella Beet (Ecco, 2008).

jueves, 1 de mayo de 2008

EL JUEGO DE LA INOCENCIA Y EL CRECIMIENTO (PARTE I)


EL JUEGO DE LA INOCENCIA Y EL CRECIMIENTO
Por Roger Rosenblatt

PARTE I

De los tres deportes principales, el béisbol es a la vez el de diseño más elegante y el más fácil de explicar en términos de su atractivo. Es un juego que se realiza dentro de límites estrictos y dimensiones estrictas, distancias de aquí a allí precisamente determinadas; el montículo del lanzador tiene tantos centímetros de alto; el peso de la pelota; el peso del bate; las marcas que determinan el espacio interior y exterior; lo que cuenta y lo que no cuenta, y demás. Las reglas son inquebrantables; de hecho, con muy pocas excepciones, las reglas del juego no han cambiado en un centenar de años.
Esto se debe a que, al contrario de lo que sucede en el baloncesto, el béisbol no depende del tamaño de los jugadores, sino más bien de un concepto de la evolución humana según el cual la gente no cambia tanto, ciertamente no en cien años y, por tanto, debe hacer lo que puede dentro de los límites que tiene. Como lo escribió el poeta Richard Wilbur: "El poder del genio proviene de estar en una botella".
Con todo, el béisbol es, dentro de sus límites y desde todo punto de vista, un deporte individual. En otros deportes la pelota marca el puntaje. En béisbol el jugador marca el puntaje. El juego fue diseñado para enfocar a los estadounidenses en nuestras bregas individuales. El que corre hacia la primera base se propone robar la segunda. El hombre que está en segunda base se propone escurrirse detrás de aquél. El lanzador se propone sorprenderlo para sacarlo pero lanza al plato, donde el bateador trata de golpear la pelota para proteger al corredor, quien ahora decide arrancar y el hombre que está en segunda base se apresta para hacer el toque, si el receptor puede ponerse a la altura de las circunstancias y hacer un lanzamiento bajo y duro. Uno no necesita saber lo que estas cosas significan para reconocer que todas ellas ponen a prueba la habilidad de cada uno de realizar una tarea específica, de tomar una decisión personal y de improvisar.
Los aficionados se apegan a los momentos de gloria en la historia del deporte, especialmente a los nombres heroicos y a los hechos heroicos (récord y estadísticas). Estados Unidos tiene en gran aprecio a sus héroes del deporte porque el país no tiene la larga historia de Europa, Asia y África. A falta de un Alejandro Magno o un Carlomagno, deriva su mitología heroica de los deportes.
También nos son caros los momentos sublimes del juego porque son recuerdos que preservan la juventud de todos, como parte de la continua necesidad, aunque un poco forzada, de Estados Unidos de permanecer en un verano perpetuo. La ilusión del juego es que seguirá para siempre. (El béisbol es el único deporte en el cual un equipo en gran desventaja y al que le queda sólo un bateador puede todavía ganar).
Continuará...
Roger Rosenblatt es periodista, escritor, dramaturgo y profesor. Como ensayista de la revista Time ha recibido numerosos honores del periodismo escrito, incluso dos premios George Polk, así como premios del Club de la Prensa Extrajera y del Colegio de Abogados de Estados Unidos. Los ensayos que presenta en la red de televisión pública de Estados Unidos le han merecido los prestigiosos premios Peabody y Emmy. Es autor, más recientemente, de la novella Beet (Ecco, 2008).

miércoles, 30 de abril de 2008

¿QUÉ COÑOS ES EL BÉISBOL?


Si se ha de hablar de un tema para poder entendernos resulta indispensable comunicarnos en un lenguaje común, es decir, bajo una noción de algo más o menos delimitada. ¿Pero qué es el béisbol? ¿Quién alza la mano para intentar responder la pregunta por excelencia de esta bitácora? Veamos entonces algunas de las probables (des)aproximaciones:

El béisbol (del inglés baseball), es un deporte de conjunto jugado entre dos equipos de 9 jugadores cada uno. Se juega en un extenso campo de césped (con excepción de la zona donde los jugadores de la ofensiva corren para embasarse y anotar, llamada línea del corredor, y el área del lanzador donde el terreno es de tierra). El objetivo del juego es golpear una pelota con un bate (batear), desplazándola a través del campo y correr por el campo interno de tierra (infield) buscando alcanzar la mayor cantidad de bases posibles hasta dar la vuelta a la base desde donde se bateó (home) y lograr anotar el tanto conocido como carrera, mientras los jugadores defensivos buscan la pelota bateada para eliminar al jugador que bateó la pelota, antes que este llegue primero a una de las bases o consiga anotar la carrera. El equipo que anote más carreras al cabo del partido es el que resulta ganador.
(Wikipedia)

Juego entre dos equipos en que los jugadores deben recorrer ciertos puestos en combinación con el lanzamiento de la pelota
(Definición.org)

Béisbol, deporte competitivo de habilidad que se juega con una bola dura y un bate entre dos equipos de nueve jugadores cada uno.
(Monografias.com)

El béisbol es el juego de la inocencia y el crecimiento. El béisbol, el fútbol norteamericano y el baloncesto, los tres deportes más populares en Estados Unidos reflejan de forma única el carácter estadounidense -los sueños, ambiciones, logros y pérdidas de Estados Unidos- y los estadounidenses los suelen ver como retos de moralidad relacionados con sus propias naturalezas conflictivas.
(Roger Rosenblatt)

El béisbol, un deporte demasiado grande para ser negocio y un negocio demasiado grande para ser deporte.
(Pedro “el Mago” Septién)

El Rey de los Deportes.
(Anónimo)

Un señor gordo con un palo y que le da a una pelota. La avienta lejos para que la busquen otros señores con cachuchas. La gente les aplaude. La gente toma cerveza en el estadio y grita cosas chistosas. A mí lo que más me gusta es comprar quesadillas.
(Mi sobrino cuando tenía 4 años)

El béisbol es un arte y es un deporte. Se ha aceptado que el béisbol tiene sus raíces en el juego inglés Rounders. Este era jugado por niños de escuela en la Inglaterra medieval (esta época era entre los años de 700 a 1500 (d.c.) en un campo marcado por postes o piedras en el que el número de jugadores no era fijo y cualquier número de jóvenes podían tomar parte. Se dividían ellos mismos en dos equipos de igual número. No tenían posiciones específicas a los que les tocaba el campo, excepto para el pitcher, conocido como Packer o feeder, y el bateador; como Striker.
(Dr. Jaime Cervantes Pérez)

El béisbol es leal y puro, porque así el equipo de tus amores pierda o termine en la última posición, tú sigues fiel a él, no lo cambias ni por todo el oro del mundo, eso se llama amor a la camiseta. El béisbol no te pelea, no te reclama porque no bajaste la tapa del baño, el béisbol es complicado para algunos, he conocido a buenos matemáticos y excelentes físicos, pero no entienden el deporte por más que se lo expliquen cien veces, y aunque yo soy deficiente en la matemática y la física, conozco la pelota como nadie
El béisbol es como una novela, tiene protagonistas y antagonistas, te hace sufrir, cada capítulo es emocionante, nunca quieres que se acabe, y cuando lo hace, esperas con ansias el próximo día para ver que nuevo traerá.
El béisbol es una partitura que cada quien interpreta como puede, el béisbol en ocasiones es raro e injusto, por ejemplo, un corredor llega a home, y el receptor lo toca después de anotar, y a pesar de que 25 mil personas en el estadio lo vieron quieto, y que el árbitro no estaba en la mejor posición, cantó out, un silencio cubre el campo, hasta que el público rechifla y reclama el fallo, pero nada se puede hacer, pues ni el Tribunal Supremo de Justicia, podría revocar la sentencia errónea del umpire.
(Gabriel “Gabo” Chávez)

Yo respeto muchas las opiniones anteriores pero ninguna me dice qué es el béisbol. ¿Deporte? ¿Arte? ¿Recreación? ¿Pasatiempo? ¿Pasión?¿Un equipo desolado sobre el terreno de juego? ¿Un equipo bañado en champagne? ¿Babe Ruth apuntando a lo alto? ¿Una atrapada improbable de Darrell Sherman? ¿Un niño intentando en vano alzar un bate pesado como un bate? ¿Esfericidad del Logos? ¿Poesía del Movimiento? Es un tanto simplista reducir el béisbol a unas cuantas metáforas arbitrarias, ¿pero qué es la vida misma sino unas cuantas metáforas casuales que se extienden sobre una mera sucesión de instantes? Acaso el béisbol sea sólo eso: béisbol. O mejor dicho, no sólo eso, sino que el béisbol es béisbol. El béisbol es el que Es, sin adjetivos.

jueves, 24 de abril de 2008

MICKEY MANTLE


Para mí que Mickey Charles Mantle, la gran figura de los Yankees en los 50’s y 60’s, aporreador implacable en Series Mundiales, era un portento del béisbol. Si para explicarme en términos cristianos he de acudir a la extraña e inextricable figura de la Santísima Trinidad, entonces prefiero pensar en un Santísimo Poker conformado por Mickey Mantle, Joe Dimaggio. Willie Mays y Roberto Clement. Peloteros dotados de… no lo sé, pero de ese algo indefinible que todo aficionado al béisbol que se preste de serlo identifica al momento. Basta ver a ciertos peloteros pararse en la caja de bateo para saber la sustancia de la que están hechos y para crear con ellos un vínculo indisoluble de total, absoluta e irredenta admiración. El comentarista Bob Costas describió a Mickey Mantle como “un frágil héroe con quien tenemos un lazo emocional tan poderoso y duradero que desafía toda lógica.”
En el siguiente texto el poeta Raúl Renán rinde homenaje a la figura inolvidable de Mickey Mantle.


Mickey Mantle (retrato)
Por: Raúl Renán

"La destreza tallada en sus músculos revienta la piel de lo posible. Y el compás curvado del torso mide la perfección del punto fijo proyectando el movimiento perpetuo. Es un sol de gajos con costuras, viaja y transborda en la barda que separa el cielo del infierno. Sobre la tierra con los brazos abiertos en árbol del jardín central, atrapada las aves en desbandada al cielo de nadie. El campo corto, a un metro del suelo riega su aroma horizontal inaprensible. El punto blanco que hace volar sobre verde rasga el azul infinito. Se va, se va, se fue el ángel que frota el aire y excita la agonía de miles de mortales."

PD. Se dice por ahí que una vez a finales de los 60’s vinieron a México los Yankees de Mickey Mantle y que el pitcher Ramón Arano los derrotó ponchando de paso dos veces a Mickey Mantle, quien se sintió confundido de ver parpadear tanto los ojos de Arano, pues nunca supo que éste era miope de nacimiento.

Datos personales