viernes, 18 de abril de 2008
jueves, 17 de abril de 2008
ANTES DEL JUEGO PERFECTO

¿Por qué el autor de esta bitácora no escribe más seguido? ¿Ha muerto acaso? ¿Fue secuestrado por una logia de culto a los extraterrestres? ¿Se encuentra preso en Guantánamo por órdenes de la FIFA? Nada de eso, amigos. La lógica es simple: es primavera, arranque de la temporada de Grandes Ligas, y es mejor leer sobre béisbol que escribir sobre béisbol y es mucho pero mucho mejor ver béisbol que leer o escribir sobre béisbol. Desde luego lo ideal sería jugar béisbol, pero si no es con los Yankees no me interesa jugar con ningún otro equipo y si no es en la tercera base me niego a jugar otra posición. En eso soy irreductible. ¿El problema? Un tal Alex Rodríguez juega la tercera base para los Yankees y así está difícil jugar. Por eso, para fines prácticos ver béisbol es lo máximo a lo cual puedo aspirar.
Es temprano y no hay juegos en la cartelera. Todavía no empieza el Boston vs Nueva York, así que puedo soltar algunas líneas. Creo que no le hago daño a nadie y hasta es un tanque de oxígeno hablar de béisbol en estas tierras contaminadas de imprecaciones y maldiciones panboleras.
Alguna vez comenté más mal que bien sobre la mística de los juegos perfectos: 27 hombres y 27 outs sin que ningún corredor toque las colchonetas. Los juegos perfectos son por esencia impolutos e inolvidables. ¿Pero quién suele recordar lo que sucedió antes de un juego perfecto?
Y para ilustrar la cuestión es prudente hacer remembranza de Donald James Larsen, el hombre que tiró el Juego Perfecto (no un juego perfecto, sino el Juego Perfecto) en la Serie Mundial de 1956 entre los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Brooklyn.
Don Larsen era en el mejor de los casos un pitcher mediocre. A veces era usado como abridor y ocasionalmente como relevista. Su récord de por vida en Grandes Ligas fue de apenas 81 ganados y 91 perdidos. Vaya, sus cifras están lejos de ser respetables.
Y lo que son las cosas, los Dodgers le dieron a Don Larsen hasta con la cubeta en el segundo juego de la Serie Mundial de 1956 al grado de que Larsen no pudo ni pasar del segundo inning. Era una locura siquiera pensar en que volvería a lanzar en el Clásico de Octubre. Pero volvió a tirar y…
50 años después, el primera base de los Yankees en la Serie Mundial citada, Moose Skowron recordaría: “No podía creer que [Don Larsen] estuviera pitchando ese día [el 8 de octubre de 1956 en el quinto juego]. Aún no puedo creer la mirada que tenía en su cara cuando él vio que la bola era suya… de shock o algo similar.”
El manager de los Yankees, Casey Stengel fue severamente cuestionado por los feroces periodistas neoyorquinos por anunciar como abridor a Don Larsen para el quinto partido, pero el viejo lobo del diamante respondió: “Abro con Don Larsen y no voy a cambiar de pitcher, pura mierda voy a ensuciarme los zapatos caminando hasta el montículo para pedirle la bola, porque él va lanzar los nueve innings completos, y escuchen bien cabrones, Don los tiene de este tamaño, así como huevos de avestruz, y yo me corto los míos si él no gana este juego.” Amén. Don’t mess honey with those damn God blessed Yankees. El resto es pura y vanal historia.
Es temprano y no hay juegos en la cartelera. Todavía no empieza el Boston vs Nueva York, así que puedo soltar algunas líneas. Creo que no le hago daño a nadie y hasta es un tanque de oxígeno hablar de béisbol en estas tierras contaminadas de imprecaciones y maldiciones panboleras.
Alguna vez comenté más mal que bien sobre la mística de los juegos perfectos: 27 hombres y 27 outs sin que ningún corredor toque las colchonetas. Los juegos perfectos son por esencia impolutos e inolvidables. ¿Pero quién suele recordar lo que sucedió antes de un juego perfecto?
Y para ilustrar la cuestión es prudente hacer remembranza de Donald James Larsen, el hombre que tiró el Juego Perfecto (no un juego perfecto, sino el Juego Perfecto) en la Serie Mundial de 1956 entre los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Brooklyn.
Don Larsen era en el mejor de los casos un pitcher mediocre. A veces era usado como abridor y ocasionalmente como relevista. Su récord de por vida en Grandes Ligas fue de apenas 81 ganados y 91 perdidos. Vaya, sus cifras están lejos de ser respetables.
Y lo que son las cosas, los Dodgers le dieron a Don Larsen hasta con la cubeta en el segundo juego de la Serie Mundial de 1956 al grado de que Larsen no pudo ni pasar del segundo inning. Era una locura siquiera pensar en que volvería a lanzar en el Clásico de Octubre. Pero volvió a tirar y…
50 años después, el primera base de los Yankees en la Serie Mundial citada, Moose Skowron recordaría: “No podía creer que [Don Larsen] estuviera pitchando ese día [el 8 de octubre de 1956 en el quinto juego]. Aún no puedo creer la mirada que tenía en su cara cuando él vio que la bola era suya… de shock o algo similar.”
El manager de los Yankees, Casey Stengel fue severamente cuestionado por los feroces periodistas neoyorquinos por anunciar como abridor a Don Larsen para el quinto partido, pero el viejo lobo del diamante respondió: “Abro con Don Larsen y no voy a cambiar de pitcher, pura mierda voy a ensuciarme los zapatos caminando hasta el montículo para pedirle la bola, porque él va lanzar los nueve innings completos, y escuchen bien cabrones, Don los tiene de este tamaño, así como huevos de avestruz, y yo me corto los míos si él no gana este juego.” Amén. Don’t mess honey with those damn God blessed Yankees. El resto es pura y vanal historia.
martes, 18 de marzo de 2008
LA LIGA FANTÁSTICA "MARTÍN DIHIGO"

Creo que fue Vicente Leñero quien dijo que el Béisbol es al fútbol, lo que el ajedrez al dominó, pues mientras en el Rey de los Deportes el placer se deposita en la estrategia y en la magia, en el llamado juego del hombre (Ángel Fernández dixit) la medula se encuentra en el despliegue físico y en el virtuosismo, a veces arrogante y excesivo, ejercido sobre el balón.
Por otra parte, si en algún deporte tienen sentido las denominadas Ligas Fantásticas es en el Béisbol, por en este es fecunda y objetiva la materia prima de las referidas ligas: las irrefutables estadísticas. Aunado ello a la posibilidad de diseñar un equipo, manejar el róster, hacer cambios y enfrentar a otros equipos en forma directa, entre otros puntos, se tiene como resultado una recreación, si bien ficticia, de la magia primigenia del Béisbol. Por tal motivo, se extiende a los lectores de esta bitácora una invitación para participar en la Liga Fantástica de Béisbol “Martín Dihigo” en Yahoo!. La Liga es gratis, pero limitada a 12 equipos conformados con peloteros de Grandes Ligas.
Si alguien está interesado, déjeme un comentario aquí con su correo electrónico y le enviaré el password de inscripción junto a otros detalles adicionales. Mientras tanto pueden echar un vistazo en:
Por otra parte, si en algún deporte tienen sentido las denominadas Ligas Fantásticas es en el Béisbol, por en este es fecunda y objetiva la materia prima de las referidas ligas: las irrefutables estadísticas. Aunado ello a la posibilidad de diseñar un equipo, manejar el róster, hacer cambios y enfrentar a otros equipos en forma directa, entre otros puntos, se tiene como resultado una recreación, si bien ficticia, de la magia primigenia del Béisbol. Por tal motivo, se extiende a los lectores de esta bitácora una invitación para participar en la Liga Fantástica de Béisbol “Martín Dihigo” en Yahoo!. La Liga es gratis, pero limitada a 12 equipos conformados con peloteros de Grandes Ligas.
Si alguien está interesado, déjeme un comentario aquí con su correo electrónico y le enviaré el password de inscripción junto a otros detalles adicionales. Mientras tanto pueden echar un vistazo en:
miércoles, 5 de marzo de 2008
EL BABE RUTH NEGRO

Joshua Gibson era un Monstruo. Así, sin más. De estatura 1.85 metros y 95 kilogramos de peso cargado de músculo, algunas voces le achacan a este pelotero negro el merito indudable de haber sido el único ser humano en sacar de cuadrangular una pelota fuera del Yankee Stadium allá por los años 1930’s. Desde luego eso no ocurrió (si acaso ocurrió) en un juego de Grandes Ligas por la barrera racial existente en la época, pero lo que sí: Gibson no necesitaba de bases de ciclopentanoperhidrofenantreno (esteroides en castellano), hormonas de crecimiento o suplementos alimenticios de dudosa procedencia para desforrar sin piedad la esférica.
Joshua Gibson nació el 21 de diciembre de 1911 en Buena Vista, Georgia. Paisano de Ty Cobb, Joshua pasó la mayor parte de su carrera como pelotero en las Ligas Negras (los Crawfords de Pittsburg y los Grays de Homestead), aún y cuando lo hizo también por un tiempo en las ligas de béisbol de Republica Dominicana (el Ciudad Trujillo del dictador del mismo apellido), Cuba (La Habana y Santa Clara) y México (el Veracruz). De hecho en México fue un verdadero terror con el madero al batear .467 en 1940 y .374 en 1941.
Un caballero introvertido, Joshua Gibson jugaba la posición de receptor, llegando a hacer mancuerna en diferentes equipos con el inolvidable Satchel Paige.
No hay duda alguna de que Joshua Gibson fue uno de los más grandes catchers y sluggers en los anales del béisbol. Su promedio de bateo de por vida fue de .359 con un porcentaje de slugging de .648. La placa de Joshua Gibson en el Salón de la Fama reza algo así como: “Pegó cerca de 800 cuadrangulares en 17 años de carrera.”
¿Qué habría pasado con Joshua Gibson en las Ligas Mayores? Toda conjetura es eso: mera especulación. El béisbol no es justo ni injusto, ni probable o improbable: es béisbol. Pero yo quiero pensar en que Joshua, vestido de Yankee, habría peleado títulos de bateo en portentosos duelos de última jornada con Ted Williams.
A la fecha, los historiadores aún debaten sobre la veracidad de las anécdotas y estadísticas relativas a Joshua Gibson. A mí me gusta tomarlas por válidas (que no necesariamente ciertas), porque después de todo el béisbol no puede comprenderse sin atender a su carácter de ritual colectivo-poético-fantástico, lo cual no hace sino revelar precisamente la estética mágica y atemporal del juego. En particular me gusta una anécdota:
Al cierre de la novena entrada en el estadio de los Crawfords de Pittsburg, abajo éstos por una carrera y con dos outs y con un hombre en base, Joshua Gibson conectó un batazo tan poderoso que la bola desapareció en el fino mantel estrellado de la noche dejando –aparentemente- tendidos sobre el terreno a los jugadores visitantes. Al día siguiente, en otra ciudad, los mismos dos equipos se enfrentaron de nuevo, pero ahora Pittsburg hizo las veces de visitante y justo cuando los equipos se acomodaban en el campo, una pelota descendió repentinamente de entre las alturas y un pelotero del equipo local la atrapó. Entonces, el ampayer le gritó a Joshua Gibson: “Estás out. En Pittsburgh. Ayer.”
Joshua Gibson nació el 21 de diciembre de 1911 en Buena Vista, Georgia. Paisano de Ty Cobb, Joshua pasó la mayor parte de su carrera como pelotero en las Ligas Negras (los Crawfords de Pittsburg y los Grays de Homestead), aún y cuando lo hizo también por un tiempo en las ligas de béisbol de Republica Dominicana (el Ciudad Trujillo del dictador del mismo apellido), Cuba (La Habana y Santa Clara) y México (el Veracruz). De hecho en México fue un verdadero terror con el madero al batear .467 en 1940 y .374 en 1941.
Un caballero introvertido, Joshua Gibson jugaba la posición de receptor, llegando a hacer mancuerna en diferentes equipos con el inolvidable Satchel Paige.
No hay duda alguna de que Joshua Gibson fue uno de los más grandes catchers y sluggers en los anales del béisbol. Su promedio de bateo de por vida fue de .359 con un porcentaje de slugging de .648. La placa de Joshua Gibson en el Salón de la Fama reza algo así como: “Pegó cerca de 800 cuadrangulares en 17 años de carrera.”
¿Qué habría pasado con Joshua Gibson en las Ligas Mayores? Toda conjetura es eso: mera especulación. El béisbol no es justo ni injusto, ni probable o improbable: es béisbol. Pero yo quiero pensar en que Joshua, vestido de Yankee, habría peleado títulos de bateo en portentosos duelos de última jornada con Ted Williams.
A la fecha, los historiadores aún debaten sobre la veracidad de las anécdotas y estadísticas relativas a Joshua Gibson. A mí me gusta tomarlas por válidas (que no necesariamente ciertas), porque después de todo el béisbol no puede comprenderse sin atender a su carácter de ritual colectivo-poético-fantástico, lo cual no hace sino revelar precisamente la estética mágica y atemporal del juego. En particular me gusta una anécdota:
Al cierre de la novena entrada en el estadio de los Crawfords de Pittsburg, abajo éstos por una carrera y con dos outs y con un hombre en base, Joshua Gibson conectó un batazo tan poderoso que la bola desapareció en el fino mantel estrellado de la noche dejando –aparentemente- tendidos sobre el terreno a los jugadores visitantes. Al día siguiente, en otra ciudad, los mismos dos equipos se enfrentaron de nuevo, pero ahora Pittsburg hizo las veces de visitante y justo cuando los equipos se acomodaban en el campo, una pelota descendió repentinamente de entre las alturas y un pelotero del equipo local la atrapó. Entonces, el ampayer le gritó a Joshua Gibson: “Estás out. En Pittsburgh. Ayer.”
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