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martes, 21 de diciembre de 2010

PULSOS NAVIDEÑOS


¿Cuál es el sentido de la navidad? No lo sé. Quizá uno busca sentido a las cosas para encontrarle un sentido a su vida. Más allá de la chabacanería ramplona y consumista y del despiadado lucro comercial de estos días, quiero suponer que la navidad es un pretexto para recordar a ese formidable tercer bate de la antigua Judea e incomparable lanzador de parábolas nacido en Belén. Se crea o no en él, resulta un personaje admirable en todo sentido.
Si bien de acuerdo a estudios históricos, el Hijo del Gran Ampáyer no nació precisamente un día 25 de diciembre, podríamos recordar a peloteros que sí nacieron en plena navidad. Por ejemplo, pensemos en el imponchable Jo-Jo Moore, jardinero izquierdo de los Gigantes de Nueva York entre 1930 y 1941. Dueño de un porcentaje de .298 de por vida en las Grande Ligas y quien en 5427 turnos al bate se ponchó solamente en 247 ocasiones y nunca lo hizo más de 37 veces en una sola temporada.
¿O qué tal sería recordar al fino segunda base Nelly Fox? Nelly fue Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1959, ganó tres guantes de oro (1957, 1959 y 1960) con los Medias Blancas de Chicago y llegó a hacer mancuerna con los paradores en corto Chico Carrasquel y Luis Aparicio.
O rememorar al lanzador Al Jackson de los Mets de Nueva York. O mejor aún, nombrar a un sensacional segunda base con un gran brazo, Manny Trillo, campeón de tres Series Mundiales: 1973 y 1974 con los Atléticos de Oakland y 1980 con los Filis de Filadelfia. Además Manny ganó varios guantes de oro y bates de plata por su defensiva y ofensiva.
¿Más peloteros navideños? ¿Qué tal el velocista Willy Taveras? ¿O qué tal el más grande velocista de todos los tiempos de las Grandes Ligas? Rickey Henderson, su nombre por si solo es toda una invitación a brindar por sus hazañas.
Si optamos por ampliar nuestros horizontes, tenemos también otro pelotero nacido en navidad, pero de origen japonés y de peculiar estilo para lanzar: Hideki Okajima. Hideki ganó su anillo de Serie Mundial en 2007 con un equipo que no suele ganar muchos anillos, quiero decir los Medias Rojas de Boston, quienes se hicieron para 2011 de los servicios del formidable Adrián González…mmm…
Como sea que recordemos los hechos y sin importar a quién recordemos: FELIZ NAVIDAD A LOS LECTORES DE LA BITÁCORA Y A SUS SERES QUERIDOS.

domingo, 6 de septiembre de 2009

AGRADECIMIENTOS

Culminó la mini gira sinaloense de presentación del libro de la bitácora, “Dime que no fue así, Joe”, pero enviamos desde aquí los más sinceros agradecimientos de parte del Capitán Tomate:

Al editor, diseñador y presentador Jesús Ramón Ibarra.
Al Instituto Sinaloense de Cultura.
Al Centro Sinaloa de las Artes Centenario.
Al Museo de Arte de Mazatlán.
A los presentadores Jaime Félix Picos, Gerardo Osornio y Ernesto Diezmartínez.
Al Chepe Zazueta.
A César Buelna.
A Ricardo González, Gabriel Gordillo, Jonathan Juárez y Emor Villa del periódico Noroeste.
Al periódico El Debate.
A los programas de radio “La Feria”, “El Fanático” y “Conexión Deportiva”, así como al 94.5 del FM.
Al canal 3 de televisión.
A Cris Malcampo.
A don Gaby, por el aventón a Mazatlán.
Al público que siguió las entrevistas y los eventos, no alcanzamos a recordar ni a conocer a todos, pero especialmente a Sergio Acosta, Juan José Ruiz, Vicente Solórzano, Enrique Murillo, Álvaro Calderón, Alvarito Calderón, Daniela Cantú, Meche, Lic. Alberto Gutiérrez, Lic. Javier Ruelas, el Job, el Dumbo Ángulo, ingeniero Carlos Aguilar, Armando Malacón, Frank Meza, Carlos Gastelum, Chachis y el Mayor, mi nina Andrea, la Carmelucha Torres y Moisés.
Al oriundo de Guasave que nos recordó la anécdota de Selman Jack y la del Mago Obeso.
A don Juan Vené, por los elogios inmerecidos desde Nueva York.
Al Consejo Editorial de la bitácora: Ludwig Wittgenstein, Albert Camus, Jorge Luis Borges, Salvador Dalí, Walt Whitman y Jack Kerouac. Quienes desde los cielos le jalan las orejas al administrador de la bitácora por sus errores de sintaxis.
Al descalzo Jackson, porque su nombre figure como debe ser en el Salón de la Fama.
A Adulfo Camacho, por la carrilla que le seguimos dando a más de 20 años de su error.
A don Agustín de Valdez, porque su salud mejore, y porque si nos referimos a sus tiempos de director de un conocido jardín de niñas en Culiacán, no fue sino para rememorar al Culiacán antiguo y rememorar la expiación social de don Agustín hacia el mundo del béisbol.
A quienes leen esto y enriquecen la bitácora con sus comentarios.
A los padres de Monsieur Calderón, por andar en todo este jolgorio.

La lista anterior es un nódulo de silicio, prueba irrefutable de las heráldicas colectivas del béisbol, la literatura y la amistad.

martes, 18 de diciembre de 2007

AVISO DEL ADMINISTRADOR DE BÍTACORA


Esta bitácora, a pesar de sus diversas entradas, no es sino un conjunto de variaciones sobre un mismo tema: la confesión de un irredento fanático beisbolero.
Algunos amigos han expresado su preocupación por ciertas expresiones beligerantes y ampulosas en contra de otros deportes, exigiendo defina mi posición.
En lo personal soy enemigo de todo protagonismo y preferiría ser invisible. Sin embargo, por consideración y con ánimo de apelar estrictamente a la verdad, haré algunas exposiciones al respecto, antes de pasar en la próxima entrada a una defensa de la matemática beisbolera – si los teólogos defienden y difunden sus dogmas, ¿por qué no habríamos los aficionados al béisbol de intentar hacer lo mismo?
Sólo unos cuantos deportistas fuera del béisbol me han hecho sentir algo especial cuando los veo jugar. Entre ellos, Romario de Souza, Paolo Maldini, Roberto Baggio, Lionel Messi, Stephan Effenbergh, Julio César Chávez, Terry Norris, Joe Montana, Roger Federer, Charles Oakley, Dominique Wilkins, Dennis Rodman, Magic Johnson Allen Iverson, Paz Vega (sic) y desde luego Michael Jordan. Por puros riñones, nunca me gustaron Diego Armando Maradona, Hugo Sánchez, Jorge Valdano, Zinedine Zidane, David Beckham (en general, ninguno del América o del Real Madrid), Hakeem Olajuwon, David Robinson, Tim Duncan y Mike Tyson.
Como deportes de afición y emoción puras, conceptualmente hablando, me quedo con el béisbol y el baloncesto. Uno rey y otro príncipe.
Como jugador, alguna vez me quedé con el volleyball, pero no creo que pueda jugarlo ya al mismo nivel de antes. Ojala mi maestro, el legendario Joel “Polvareda” Sánchez, dos veces mundialista universitario, no esté leyendo esto.
Como espectador villamelón (finales y grandes eventos) me quedo con el fútbol americano (esos malditos Cowboys) y eventualmente el hockey (los toros no son deporte, son una metáfora de la muerte).
Como deporte de masas y de tejido social, soy honesto y acepto que no me puedo quedar con el fútbol, porque sólo a un puñado de aficionados le fue deparado el amor y el conocimiento a conciencia del fútbol; al resto, al gran resto, nos fue deparada simplemente la empatía con ciertos colores y jugadores. En ese sentido, afortunadamente nunca he llevado la identificación ideológica hacia las zonas de violencia tan comunes en el fútbol. Además, el fútbol es un deporte en el cual he encontrado una extraña dicotomía: el placer por los recuerdos y las expectativas de los grandes encuentros, pero a la vez la mayor cantidad de partidos aburridos y decepcionantes en proporción con otros deportes. Del fútbol también me sorprende la cantidad de aficionados casuales y comentaristas ignorantes en relación con la magnitud de la popularidad de ese deporte, lo cual me hace sospechar de una popularidad inducida, al menos en parte, de forma artificial gracias a la exaltación del nacionalismo representado por las selecciones de países, torneos internacionales más o menos bien organizados y ciertos intereses económicos, los cuales por supuesto no son propios nada más del fútbol. Entonces, ¿con qué me quedo en particular del fútbol? Con su testoterona épica y con varias de sus camisas, pues suelen ser cómodas de vestir en cualquier clima.
Por último, siempre he sido crítico hasta el punto de lo cáustico, empezando conmigo, mi familia, mi religión, mis héroes, mis representantes políticos y mis deportes de interés. Sin embargo, el temor reverencial que me produce el béisbol impide por lo general cualquier atrevimiento de mi parte del tipo ya descrito. El béisbol me ha exigido poco, muy poco, y me ha dado mucho a cambio. No estoy en condiciones de regatear sus méritos.

Epílogo. ¿Me gusta hablar de otros deportes? Sí, pero sin renunciar al derecho a la crítica y además no esperen que hable muy seguido de otras cosas aquí. No pidan imparcialidad, pues no soy juez del área penal, sino un simple fanático del juego de pelota. Este es un ciber-templo del béisbol. Todos los demás temas son asuntos menores.

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